COMUNIDAD DE BUENA NUEVA.RCCE

COMUNIDAD DE BUENA NUEVA.RCCE

Generador LED para MySpace - Joombly

Vistas de página en total

martes, 18 de octubre de 2011

"CULTURA DE PENTECOSTES"

CULTURA DE PENTECOSTÉS:
IDENTIDAD Y OBJETIVOS DE LA RENOVACIÓN CATÓLICA CARISMÁTICA

Iniciamos este aparte hablando de una Cultura de Pentecostés, porque para la Renovación Católica Carismática este es el hecho salvífico desde donde surge nuestra más profunda identidad y donde se fundamentan los objetivos que como Corriente de Vida en el Espíritu y Movimiento Apostólico tratamos de conseguir a nivel personal, comunitario y eclesial. Lo anterior no significa una desmedida prelación de Pentecostés frente al desdeño de las demás experiencias cristianas tales como la pasión, la crucifixión o la resurrección, por el contrario nuestra Cultura de Pentecostés como Renovación Católica Carismática supone, necesita y entra en perfecta coordinación con todo aquello que le da su verdadero sentido y valor dentro de la experiencia de un Dios Vivo que se ha abajado por amor a la condición humana para rescatarnos de nuestra miseria y que sigue realizando este misterio insondable cada vez que un hombre, una mujer, un joven o un niño abren su corazón a la acción de su Espíritu Santo.

La Cultura de Pentecostés compone nuestra identidad y es lo que deseamos compartir en completa libertad con la Iglesia y el mundo, no para que todos sean llamados y reconocidos como “carismáticos”, sino para que en nuestros tiempos se siga actualizando la gracia de Pentecostés dejándonos mover y guiar bajo el suave soplo del Espíritu de Dios, tal como sucedía en los tiempos apostólicos, y esto debe y puede suceder hoy en el lugar que estamos ocupando en el mundo y en la Iglesia. La Cultura de Pentecostés de la Renovación Católica Carismática no significa el que todas las personas e instituciones deban adscribirse a esta corriente o movimiento, lo que realmente se pretende simplemente es que todos nos reconozcamos como templos vivos del Espíritu Santo y que vivamos en coherencia con esta conciencia, esto es lo fundamental pues lo demás llegará por añadidura. En palabras del Papa Juan Pablo II: “Gracias al Movimiento Carismático, muchos cristianos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, han redescubierto Pentecostés como realidad viva y presente en su existencia cotidiana” Y en otra ocasión exhortaba a la Renovación Católica Carismática diciendo: “En nuestro tiempo, sediento de esperanza, den a conocer y hagan amar al Espíritu Santo.

Así ayudarán a que tome forma ‘la cultura de Pentecostés’, la única que puede fecundar la civilización del amor y de la convivencia entre los pueblos. No se cansen de invocar con ferviente insistencia: ¡Ven Espíritu Santo! ¡Ven! ¡Ven!” Esta es la Cultura de Pentecostés que debemos experimentar y proclamar para que de un profundo sentido a todo lo que hacemos como personas y comunidades para fortalecer nuestra unidad con el Dios Uno y Trino que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Todo lo anterior es lo que conforma nuestra más intima identidad, la cual tiene una importancia radical, pues así como es importante para una persona definir su personalidad e identidad individual de igual manera sucede en la RCC, la cual no está llamada a ser una corriente amorfa que pueda definirse y entenderse de cualquier forma, sino que por el contrario debe adquirir una personalidad que le ayude a ser identificada pero con lineamientos y orientaciones que guarden la debida correspondencia con aquellos establecidos por el mismo Cristo al momento de instituir su Iglesia. El deseo de una identidad definida para la RCC no pretende negar o coartar la diversidad carismática que en su interior tiende a manifestarse; lo que verdaderamente se quiere lograr es la unidad en la diversidad. La identidad bien lograda de la Renovación Católica Carismática será un elemento valioso para que no se desnaturalice y pierda sus objetivos y metas y para que cualquier viento de doctrina nueva y pasajera no nos conmueva y nos confunda, sino que le podamos hacer frente sabiendo cuál es nuestro norte y hacia donde tenemos que orientar todos nuestros esfuerzos.

¿QUÉ ES LA RENOVACIÓN CATÓLICA CARISMÁTICA?

Para iniciar este aparte del documento además de las ya tradicionales y bien conocidas definiciones de la RCC (las cuales mencionaremos más adelante) citaremos una expresión del Papa Juan Pablo II que bien puede ser una definición inicial de lo que es la Renovación Carismática: "Es una manifestación elocuente de la vitalidad siempre joven de la Iglesia, una expresión vigorosa de lo que el Espíritu está diciendo a las iglesias al final del segundo mileno" Para comenzar a comprender el concepto de lo que es la Renovación Católica Carismática, o como también es conocida, Renovación en el Espíritu, tenemos que asomarnos a la experiencia de los Apóstoles en Pentecostés. El Cenáculo es el lugar donde los cristianos nos dejamos transformar por la oración, junto a la Bienaventurada Virgen María, para acoger al Espíritu. Es también el lugar de donde salimos para llevar "hasta los confines de la tierra" el fuego de Pentecostés. La misión de la Renovación Católica Carismática es hacer presente hoy en el mundo la experiencia de Pentecostés. Confirma así su vocación de servicio a la Iglesia, que fue enriquecida con los carismas del Espíritu desde su nacimiento en el Cenáculo.

RENOVACIÓN ES DEJAR A DIOS SER DIOS

Desde sus comienzos, la Renovación ha aportado a la Iglesia una gran corriente de libertad. "Dejábamos a Dios ser Dios" es el testimonio de los pioneros de esta corriente. Fue esta una experiencia fundamental. Más que hacer, se trata de recibir el Don de Dios. Dejarle a Él la iniciativa, porque los cristianos encerramos con frecuencia a Dios en la pequeñez de nuestros intereses, de nuestros proyectos y normas. A veces se tiene la sensación de que Dios ha suscitado la Renovación Católica Carismática para ir a su compás. Dicen los pioneros de esta experiencia: “Hicimos un descubrimiento: más que hacer obras para Dios había que hacer las obras de Dios. También descubrimos la cercanía impresionante de un Dios que se goza en estar con los hombres".

RENOVACIÓN ES REAVIVAR LA LLAMA DEL ESPÍRITU

Ante todo debemos dar gracias a Cristo Jesús Nuestro Señor por el don precioso de la Efusión del Espíritu o Bautismo en el Espíritu, ya que este don viene a reavivar en nosotros las gracias que un día recibimos en el Bautismo y en la Confirmación, y nos hace vivir como adultos responsables la fe que entonces prometimos. Los Seminarios de Vida en el Espíritu son nuestro modo específico de evangelizar. Si en los comienzos de la Iglesia los convertidos se bautizaban, hoy hemos de convertir también y en primer lugar a los bautizados. Son miles los cristianos que se declaran creyentes y afirman al mismo tiempo que no practican. Los Seminarios de Vida en el Espíritu evangelizan con la fuerza del primer anuncio. El Espíritu se derrama con poder y nacen de ellos conversiones radicales, vocaciones al sacerdocio, a la vida contemplativa, compromisos con la sociedad, con los pobres, los presos, los enfermos.

RENOVACIÓN ES UNA BUENA NOTICIA PARA NUESTROS TIEMPOS

A todos aquellos hombres y mujeres que hoy tienen sed de Dios y andan buscándolo, a los que presienten que hay algo más allá de una fe quiete e impávida, para todos ellos la RCC debe ser la buena noticia de que en nuestra Iglesia hay un lugar para poder compartir la experiencia de un nuevo Pentecostés: LA RENOVACIÓN CATÓLICA CARISMÁTICA. La conforman grupos de todas las edades y condiciones -casados, solteros, religiosos, jóvenes y mayores- que desean vivir la buena noticia del Evangelio dando al mundo un testimonio de luz y esperanza.

RENOVACIÓN ES UNA CORRIENTE DE GRACIA Y MUCHO MÁS

La Renovación en el Espíritu Santo, es una corriente de gracia que busca mantener viva la experiencia de Pentecostés, a partir del “Bautismo en el Espíritu”. Hay que aclarar que esta definición no obsta para reconocer también a la RCC como un movimiento apostólico al interior de la Iglesia sino que más bien nos hace reconocer una doble naturaleza de la RCC como corriente de gracia y movimiento. Renovación es una nueva vivencia de la comunidad cristiana como el fruto de haber tenido un encuentro personal con Jesús y el Espíritu Santo, para llegar con ellos a Dios Padre.  “Acudían asiduamente a la enseñanza de los Apóstoles, a la convivencia, a la fracción del pan y a las oraciones”. Renovación es también la formación de comunidades que viven con gozo la experiencia personal de salvación, expresada en cantos y oraciones espontáneas, realizando de esta manera lo que San Pablo les pedía a las comunidades: “Recitad vosotros salmos, himnos, cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestros corazón al Señor, dando gracias continuamente y por todo a Dios Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Renovación es desarrollar una vida en el Espíritu viviendo la experiencia carismática, enseñada por San Pablo a la comunidad de los Corintos: "A unos se les da hablar con sabiduría, por obra del Espíritu. Otro comunica enseñanzas conformes el mismo Espíritu. Otro recibe el don de fe, en que actúa el Espíritu. Otro recibe el don de hacer curaciones, y es el mismo Espíritu. Otro hace milagros; otro es profeta; otro reconoce lo que viene del bueno o del mal espíritu; otro habla en lenguas, y otro todavía interpreta lo que se dijo en lenguas. Y todo es obra del mismo y único Espíritu".
(1a Corintios 12, 8-11)

RENOVACIÓN EN LOS NUEVOS ESTATUTOS DEL ICCRS

La Renovación Católica Carismática es una gracia de renovación en el Espíritu Santo de carácter mundial y con muchas expresiones en la Iglesia Católica, pero ni es uniforme ni unificada. No tiene un único fundador ni grupo de fundadores, y no tiene listas de miembros. Es más bien una corriente de gracia que permite a individuos y grupos expresarse de distintas maneras y formas de organización y actividades, a menudo bastante independientes unas de otras, en diferentes estadios y modos de desarrollo, con diferentes énfasis. No obstante, comparten la misma experiencia fundamental y abrazan los mismos objetivos generales. Este modelo de relaciones libres se encuentra en los niveles diocesanos y nacionales así como en el nivel internacional. Estas relaciones se caracterizan muy a menudo por la asociación libre, el diálogo y la colaboración más que por la integración en una estructura ordenada. El liderazgo se caracteriza más por ofrecer servicio a aquellos que lo quieren que por el gobierno. En varias realidades la RCC se organiza como Movimiento Eclesial, pero también hay estructuras tales como Comunidades, Redes, Escuelas de Evangelización, Estaciones de Televisión, Asociaciones, Institutos Religiosos y Seminarios, así como Editoriales, Músicos, Misioneros y Predicadores. Todos estos, aunque no estén formalmente asociados en una estructura específica tienen un perfil “carismático”.

OBJETIVOS DE LA RENOVACIÓN CATÓLICA CARISMÁTICA

El preámbulo de los nuevos estatutos del ICCRS nos enseña que los objetivos centrales de la Renovación Católica Carismática o Renovación Pentecostal Católica, como también se la llama, incluyen:

1. Amparar la conversión madura y constante a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

2. Amparar una receptividad personal decisiva a la persona, presencia y poder del Espíritu Santo. Estas dos gracias espirituales a menudo se experimentan juntas en lo que se llama en diferentes partes del mundo un Bautismo en el Espíritu Santo, o una Liberación del Espíritu Santo, o una Renovación del Espíritu Santo. Muy a menudo se las entiende como una aceptación personal de las gracias de la iniciación cristiana y como una capacitación para el servicio cristiano personal en la Iglesia y en el mundo.

3. Amparar la recepción y utilización de los dones espirituales (charismata o carismas) no sólo en la RCC sino también en la Iglesia en toda su extensión. Estos dones, ordinarios y extraordinarios se encuentran en abundancia entre los laicos, los religiosos y el clero. Su comprensión adecuada y utilización en armonía con otros elementos de la vida de la Iglesia es una fuente de fuerza para los cristianos en su camino hacia la santidad, y en la realización de su misión.

4. Amparar la obra de evangelización en el poder del Espíritu Santo, incluyendo la evangelización de los no bautizados, la reevangelización de los cristianos nominales, la evangelización de la cultura y las estructuras sociales. La RCC promueve especialmente el compartir la misión de la Iglesia proclamando el Evangelio de palabra y de obra, y dando testimonio de Jesucristo a través del testimonio personal y a través de esas obras de fe y justicia a las que cada uno está llamado.

5. Amparar el crecimiento constante en santidad, a través de la integración adecuada de estos énfasis carismáticos en la vida plena de la Iglesia. Esto se consigue a través de la participación en una vida sacramental y litúrgica rica, y una apreciación de la tradición de la oración y espiritualidad católicas. Esto está guiado por el Magisterio de la Iglesia, y la participación en el plan pastoral de la Iglesia. Los objetivos antes citados deben ser conocidos, estudiados y permanentemente recordados por toda persona y en toda obra que se identifique como una manifestación de Renovación Católica Carismática, pues sin ellos toda la labor carismática estará sin un rumbo y sin una identidad definidos. En la medida en que estos objetivos fundamentales sean asumidos estaremos posicionando a la Renovación Católica Carismática, en estos primeros cuarenta años de vivencia, ante una nueva etapa, tal como lo dijo en varias oportunidades S.S. Juan Pablo II: la de la madurez eclesial.
Ahora refirámonos particularmente a cada una de las experiencias que nos proponen estos objetivos.

CONVERSIÓN:
“Conviértanse y crean en la Buena Nueva porque el Reino de Dios ya está entre ustedes” (Mateo 3, 2; Marcos 1, 15; Hechos 2, 38) Esta fue la invitación con la que Juan Bautista preparó y anunció la pronta llegada de Jesús; fueron las mismas palabras con las que Jesucristo inició su ministerio público; y también fue la respuesta que le dio Pedro a la muchedumbre el día de Pentecostés cuando fue anunciada por primera vez la pasión, muerte, resurrección y señorío de Cristo: CONVERSIÓN. Esto nos enseña que la conversión es una invitación de Dios al hombre pero también es una respuesta del hombre a Dios. A través de la Conversión Dios nos invita a ser parte activa de la familia divina, es decir, verdaderos Hijos de Dios, Hermanos de Jesucristo y Templos del Espíritu; y a través de la conversión es como el hombre le da un “si” definitivo a Dios. La conversión en la vida de todo cristiano debe ser el resultado de haber experimentado el amor y la misericordia de Dios, sentirnos amados por Dios y a la vez debe ser el resultado del reconocimiento de nuestra condición de pecadores necesitados de la salvación divina. Si esto no sucede todo esfuerzo de conversión en nuestras vidas será infructuoso, pues el hombre no le encontrará ningún sentido a la conversión sin la experiencia del amor de Dios y sin el reconocimiento de nuestro pecado no tiene ningún sentido (Lucas 5, 8). Conversión es pasar de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia de Dios; es pasar de la lejanía a la proximidad de Dios; es comenzar un nuevo camino, una nueva vida, un nuevo nacimiento (Juan 3, 3) Conversión es aceptar a Jesucristo con toda la radicalidad de su mensaje que nos dice: aquel que quiera venir tras de mi, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. La conversión es ante todo un cambio de corazón (Ezequiel 36, 26; Filipenses 2, 5) y ese cambio de corazón debe ir transformándonos en nuevas criaturas con una nueva vida. El cambio de conducta (externo) que se da en el hombre debe ser el resultado de un cambio interior.

La conversión es una invitación que Dios hace a todos los hombres. Dios no hace excepciones, todos estamos necesitados de la conversión. Nadie puede decir que no necesita convertirse, ni siquiera aquellos que se dicen “buenos” (ejemplo de San Pablo) La conversión es un proceso que debe ir haciéndonos crecer cada día más como mejores personas y como mejores cristianos, haciéndonos reflejos del rostro de Cristo. Es un esfuerzo de todos los días. La conversión no es obra únicamente del hombre sino que es el fruto del trabajo en unidad de Dios y el hombre. Por nuestras propias fuerzas no podremos llegar a Dios, siempre estaremos necesitados de su ayuda. Los anteriores son como los puntos básicos del camino de conversión que nos propone la Renovación Católica Carismática en su primer objetivo.

APERTURA AL ESPÍRITU SANTO

Hasta hace unos pocos años en la Iglesia se trataba el tema del Espíritu Santo como el gran desconocido de la Santísima Trinidad, pues siempre se había hablado del Padre y del Hijo profusamente, relegando un poco la presencia y el actuar del Espíritu Santo. Pero desde los tiempos del Concilio Vaticano II, cuando el Papa Juan XXIII convocó a los padres de la Iglesia invocando la presencia del Espíritu y, como Vicario de Cristo, abrió de par en par las puertas de la Iglesia a su acción renovadora, desde ese entonces parece ser que todos los cristianos hemos reaccionado y hemos sacado al Espíritu Santo de ese olvido al cual lo habíamos confinado y se ha iniciado, por así decirlo, una “nueva era” de su acción, que en realidad no tiene nada de “nueva”, pues este actuar es el mismo que hemos podido conocer a través de la Escritura, desde el principio de los tiempos y a lo largo del tiempo de la Iglesia. Esta es la apertura que nos propone este objetivo de la RCC.

La acción del Espíritu Santo debe concretarse en nuestras vidas pues no es solo una historia, es una persona divina que nos ayuda a tener la experiencia de un Cristo Vivo, que nos propone una renuncia al pecado y a la vez una vida nueva pero a partir del agua y del Espíritu, tal como se lo propuso a Nicodemo. El Sacramento del Bautismo que nos ha proporcionado la Iglesia nos ha sumergido en esa vida nueva, solo hace falta que cada uno abra su corazón para dejar actuar libremente al Divino Espíritu y así comencemos a dar razón de ese bautismo. “Si vivimos por el Espíritu, sigamos también a ese Espíritu” (Gálatas 5, 25). Estas palabras del Apóstol Pablo a los Gálatas nos hacen recordar que no es suficiente haber recibido al Espíritu Santo, sino que hay que dejarse guiar por Él mismo para poder llevar una vida acorde con el título de cristiano que ostentamos. El Espíritu entra en la vida del hombre a través del Sacramento del Bautismo y allí comienza a crecer y a multiplicar su acción en la medida en que su presencia no es disminuida ya sea por el pecado o por la falta de fe y apertura.

Cada bautizado debe procurar en su vida alcanzar una relación con el Espíritu similar a la que sostuvo con el mismo Cristo, no por apariencia o lujo, sino como la única y verdadera forma de poder vivir, pues vivir fuera del Espíritu lejos de hacer al hombre libre lo que conlleva es hacerlo esclavo de sus pasiones y por ende alejarlo de la vida divina que se nos ha ofrecido como el don más excelente de ser familia de Dios. De esta temática nos habla San Pablo a lo largo de todo el capítulo 5 de su carta a los Gálatas. Jesús al anunciar al Espíritu previene a sus discípulos diciéndoles: “y cuando Él venga (el Paráclito) convencerá al mundo en lo referente al pecado” (Juan 16, 8). Este convencimiento no tiene como fin denigrar o humillar al cristiano por parte de Dios, sino que es un paso necesario antes de que el hombre libremente tome la decisión de arrepentirse y aceptar la redención de Jesucristo. Pero además de preparar el corazón del hombre para el encuentro con Jesús, el Espíritu también da las fuerzas al cristiano para ir en pos de Jesús, ya que por sí solo el hombre nunca sería capaz de dejarlo todo por seguir a Jesús. El Espíritu también instruye al cristiano en la verdad, es por lo que ha sido llamado por muchos santos como “maestro interior”, pues en aquel que está atento a su enseñanza va regalando el conocimiento y la sabiduría que no se puede aprender en un libro o en una conferencia, pero que si es dada a los pobres y humildes de corazón (Mateo 11, 25-26). El Espíritu es anunciado por Jesucristo como el Consolador, pues su actuar en el cristiano tiene la capacidad de ayudarnos a comprender y aceptar todos los acontecimientos aparentemente negativos como parte del plan de Dios y nos enseña que de algo malo Dios siempre podrá sacar cosas buenas para nuestro bienestar (Romanos 8, 28). Por último, pero no menos importante, el Espíritu Santo nos llena del Amor a Dios, al prójimo y a nosotros mismos (Romanos 5, 5). Los doctores de la Iglesia se han referido al Espíritu como el Amor del Padre y el Hijo, por eso podemos entender que todo lo que el Espíritu hace en el hombre es fruto de ese amor de Dios, es un reflejo de la infinidad de su amor hacia nosotros. El Espíritu nos da la capacidad del amor a la manera de Dios (1ª Corintios 13), un amor que no tiene ningún otro interés sino el bien de la persona amada. El Espíritu Santo lo encontraremos en cada sacramento, en cada oración, en la Palabra de Dios, en la comunidad (sobre todo en los hermanos más necesitados) y también en los carismas.

RECEPCIÓN Y USO DE CARISMAS

En primer lugar debemos dar un sólido y confiable concepto de lo que son los carismas: “Gracias especiales con las que el Espíritu Santo santifica y dirige al Pueblo de Dios, las cuales distribuye a cada uno según quiere y que los hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la .” (Lumen Gentium Num. 12)
“Gracias del Espíritu Santo que tienen, directa o indirectamente, una utilidad eclesial, ya que están ordenadas a la edificación de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.” (Chitifideles Laici Num. 24). Las anteriores definiciones nos regalan varios elementos que nos ayudan a entender el verdadero sentido y alcance que la Iglesia misma le ha dado a este concepto: o Gracias: Entiéndase la palabra “gracias” no como aquella gracia santificante de Dios con la que nos ayuda a ser santos, sino que más bien esta palabra debe ser entendida como sinónimo de don, regalo, concesión muy especial. Y esta diferenciación nos da la oportunidad para decir que los carismas no son signos de santidad por sí mismos sino la oportunidad o el llamado que hace Dios a un camino de santidad.  Distribuye a cada uno según quiere: Los carismas son la expresión de la completa libertad del Espíritu, que en palabras del mismo Jesús “…sopla cuando quiere donde Él quiere y no sabes de dónde viene ni a dónde va…” (Juan 3, 8). Dios puede actuar en quien Él quiera pues tiene el poder para hacerlo por eso no debemos estratificar los carismas. Todos (ordinarios y extraordinarios) provienen del soplo del mismo Espíritu.  Santifica, dirige y capacita al Pueblo de Dios: Los carismas no son signos de santidad pero son el inicio de un llamado a la vida en el Espíritu y por ende a la vivencia de la Santidad. Los carismas, según nos enseña el Concilio Vaticano II, también ayudan a orientar al Pueblo de Dios y muestran los caminos que Dios quiere que vayamos recorriendo como Iglesia. También los carismas capacitan a quienes los reciben para cumplir su misión dentro de la Iglesia, por eso no debemos sentirnos incapaces de esto o aquello, porque cuando Dios llama, inmediatamente capacita, es decir, derrama los dones que ese llamado necesita. Recordemos la vocación de Jeremías (1, 4-10). o Renovación y Edificación de la Iglesia: Los carismas son para la Iglesia: para su belleza, vitalidad y unidad, no para la persona que lo recibe. Es por esto que podemos decir que la verdadera y principal finalidad de todo carisma es el servicio en la Iglesia y desde la Iglesia, en la comunidad y desde la comunidad. El servicio es lo que renueva y edifica permanentemente el edificio de Dios que es la Iglesia.  Para bien de los hombres y necesidades del mundo: En este aspecto de los carismas San Pedro nos da una regla de oro: “Que cada cual ponga al servicio de los demás el carisma que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios. Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta servicio hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo (1ª Pedro 4, 10-11). Hay que reflexionar y cuestionarnos si este aspecto de los carismas lo estamos viviendo adecuadamente, pues aunque estamos viviendo un despertar de carismas al interior de la Iglesia, es aun mucho lo que falta para poner al servicio de las necesidades del mundo los carismas recibidos.

No podemos dejar de decir que existe una gran variedad de carismas, pues el Espíritu nunca se repite y actúa de manera única y particular sobre cada persona que abre el corazón a su acción y estos pueden ser clasificados como ordinarios y extraordinarios según su necesidad en la misma Iglesia. En el tema de los carismas, este es el aspecto donde se ha presentado la mayor problemática al interior de la RCC, pues muchos hermanos al saberse o creerse bendecidos por el Espíritu con uno varios carismas, se sienten suficientemente “iluminados” por Dios y comienzan a ejercer su carisma autónomamente sin dejarse orientar y sin tener en cuenta al resto de la comunidad ni de la Iglesia, y esta actitud ha generado en muchos de nuestros pastores y demás movimientos una prevención cuando se menciona la palabra “carismático”. Pero lo cierto es que así como muchos han optado por el camino fácil de ejercer su carisma a su libre albedrío e incluso para su propio beneficio, somos muchos más aquellos que hemos optado por el camino de someter nuestro carisma a la comunión y a la guía de Dios por medio de quienes tienen la autoridad para hacerlo. Ahora vamos a estudiar unos elementos fundamentales sin los cuales el ejercicio de los carismas no es edificante, y por tanto no cumplen el objetivo para el cual han sido dados: Humildad: La humildad es la guardiana de todo carisma. Se necesita que la humildad habite en nuestros corazones primero para reconocer el actuar particular del Espíritu en nuestra propia vida y también para saber que por mucho que ejerza el carisma en su justa medida, esa gracia y toda la gloria solo le pertenece a Dios. Tomemos el ejemplo de la Bienaventurada Virgen María, quien supo reconocer el actuar de Dios en ella y no adueñarse de esa gracia, sino darla y compartirla con los demás humildemente (Lucas 1, 46-55).

Discernimiento: Como consecuencia de lo anterior es necesario someter el propio carisma al discernimiento en primer lugar de la misma comunidad y además al de nuestros legítimos pastores. El Concilio Vaticano II nos lo recuerda: “…el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Espíritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (1ª Tesalonicenses 5, 12. 19-21)” (Lumen Gentium Num. 12)
 Obediencia: La obediencia es el camino de purificación de todo carisma. Recordemos la historia del Santo Padre Pío. Recibió un carisma muy especial y en obediencia a su Obispo le fue prohibida la celebración pública de la Eucaristía. Así mismo podemos recordar la historia de todos los santos quienes sometiendo su propio carisma en obediencia, alcanzaron la santidad.  Complementariedad. Tenemos que comprender que nuestro carisma no está aislado del carisma de nuestros demás hermanos sino que nos complementamos unos a otros en nuestro caminar como comunidad hacia la presencia de Cristo. Para explicar esto, recurramos al conocido ejemplo del cuerpo que toma San Pablo en la Primera Carta a los Corintios (12, 12-30) para explicar la diversidad, unidad y complementariedad de los carismas en la Iglesia. Cada quien debe reconocer su propio carisma para ejercerlo en su debido lugar con alegría y sin ninguna clase de envidia, sabiendo que todos los carismas son igual de importantes para la construcción del Cuerpo de Cristo y por esto podemos afirmar que el carisma del otro también es mí carisma.  Maduración: Todo carisma debe ser sometido conscientemente a un proceso de maduración. El carisma que Dios nos da es apenas un principio, no un final, por eso debemos hacerlo crecer cada día con la propia conversión, la fe, la oración, la Palabra de Dios, la formación y la prudencia en su ejercicio. Para finalizar con este objetivo, recordemos lo que dice San Pablo al inicio de su cántico al amor: Les voy a mostrar un camino más excelente (12, 31), este camino es el amor. El amor debe ser la raíz más profunda de todo carisma. Si nuestros carismas no están enraizados en el amor de Dios ellos no darán los frutos del Espíritu que nos enumera San Pablo en la Carta a los Gálatas (5, 22-23), por el contrario darán frutos provenientes de la carne (5, 19-21). Los carismas por sí solos no son garantía de salvación, por eso el Señor Jesús nos advierte diciéndonos: “No todo el que diga ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos” (Mateo 7, 21-23). Esto nos debe hacer entender que el carisma no es lo esencial, sino el amor con que se acoja, se ejerza y se done a los demás. Como dice un santo (creo que San Agustín): Al final de nuestras vidas seremos examinados en el amor.

FOMENTO DE LA EVANGELIZACIÓN

La evangelización que en estos tiempos la RCC pretende fomentar en comunión con el resto de la Iglesia es aquella que, según la exhortación del Papa Juan Pablo II en el marco de la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Santo Domingo, debe ser nueva en su ardor, nueva en sus métodos y nueva en su expresión. Dejemos que sea la voz del pastor la que nos instruya al respecto: “La nueva evangelización es dar a la acción pastoral "un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización, en una Iglesia todavía más arraigada en la fuerza y en el poder perennes de Pentecostés" (Evangelii Nuntiandi, 2).

La nueva evangelización no consiste en un "nuevo evangelio", que surgiría siempre de nosotros mismos, de nuestra cultura, de nuestros análisis de las necesidades del hombre. Por ello, no sería "evangelio", sino mera invención humana, y no habría en él salvación. Tampoco consiste en recortar del Evangelio todo aquello que parece difícilmente asimilable para la mentalidad de hoy. No es la cultura la medida del Evangelio, sino Jesucristo la medida de toda cultura y de toda obra humana. No, la nueva evangelización no nace del deseo "de agradar a los hombres" o de "buscar su favor" (Gál 1,10), sino de la responsabilidad para con el don que Dios nos ha hecho en Cristo, en el que accedemos a la verdad sobre Dios y sobre el hombre, y a la posibilidad de la vida verdadera. La nueva evangelización tiene, como punto de partida, la certeza de que en Cristo hay una "inescrutable riqueza" (Ef 5,8), que no agota ninguna cultura, ni ninguna época, y a la cual podemos acudir siempre los hombres para enriquecernos (cf. Asamblea especial para Europa del Sínodo de los Obispos, Declaración final, 3). Esa riqueza es, ante todo, Cristo mismo, su persona, porque Él mismo es nuestra salvación. Los hombres de cualquier tiempo y de cualquier cultura podemos, acercándonos a Él mediante la fe y la incorporación a su Cuerpo, que es la Iglesia, hallar respuesta a esas preguntas, siempre antiguas y siempre nuevas, con las que los hombres afrontamos el misterio de nuestra existencia, y que llevamos indeleblemente grabadas en nuestro corazón desde la creación y desde la herida del pecado”. (Discurso Inaugural del Santo Padre en la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano) Esta es la evangelización que la Renovación Católica Carismática esta llamada a vivir, proclamar y fomentar desde la Iglesia en medio de los no bautizados y de los cristianos nominales, en medio de la cultura y de las estructuras sociales.

CRECIMIENTO EN SANTIDAD

Por último, pero no menos importante, se hace necesario clarificar que este es el fin último de toda la experiencia de la RCC, pues se trata de un formal llamamiento a la santidad reflejo de la misma invitación que nos hace Dios a través de su Palabra (Levíticos 20, 26; Mateo 5, 48; Efesios 1, 3-4; 1ª Pedro 1, 15).

En algunas palabras de Papa Juan Pablo II dirigidas en distintas ocasiones a la RCC podemos encontrar las pautas del camino de santidad que nos proponemos como un objetivo fundamental: “La Renovación está llamada a comenzar de nuevo en Cristo…. La intención de un compromiso renovado por el Evangelio requiere ante todo volver a descubrir la santidad como corazón y centro de todo apostolado: es necesario tender con todas nuestras fuerzas hacia la santidad, para proponer de nuevo a todos con convicción este alto grado de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección”.

“La santidad es la meta a la que mira nuestra programación. La santidad tiene en su núcleo la contemplación del Señor Jesús, y toda nuestra programación debe buscar llevar a la gente a una conciencia más profunda del Único Salvador del mundo… ¡La Iglesia y el mundo necesitan santos! Y todos los bautizados sin excepción ¡están llamados a ser santos! Esto es lo que el Concilio Vaticano II quería decir cuando habló de ‘la vocación universal a la santidad’ (Lumen Gentium Num 5)…

 Los santos son gente que se ha enamorado de Cristo. Y es por esto que la Renovación Carismática ha sido un don grande para la Iglesia: ha conducido a multitud de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, a esta experiencia de amor que es más fuerte que la muerte” “La santidad es la prioridad de todos los tiempos y por lo tanto, también de nuestra época. La Iglesia y el mundo necesitan santos, y nosotros seremos tanto más santos cuanto más dejemos que el Espíritu Santo nos configure con Cristo. Este es el secreto de la experiencia regeneradora de la “Efusión del Espíritu”, experiencia típica que distingue el camino de crecimiento propuesto a los miembros de sus grupos y comunidades”. Las anteriores reflexiones de quien fuera nuestro pastor universal nos recuerdan el urgente llamado que nos hace Cristo a través de su Iglesia a ser santos. No podemos desfallecer en esta labor de comenzar trabajando por la propia santidad pero también tocando los corazones de los demás hombres para invitarlos a ser santos y perfectos como lo es nuestro Padre del Cielo. Esta opción de la santidad solo puede ser el fruto de un profundo enamoramiento de Jesucristo. En la medida en que nos dejemos amar por Dios y correspondamos a ese amor coherentemente, el camino de santidad será más fácil de escoger y asumir aun con todas las cargas y renuncias que nos propone.

Consejo de la renovación carismática, Colombia.

jueves, 6 de octubre de 2011

"Debemos pues, despertar en los corazones de nuestros hermanos el deseo y el anhelo de encontrarse cada día con Dios, porque únicamente de este modo, los desilusionados por el mundo, serán acogidos por la comunidad como el hijo prodigo" (Lucas 15).


En la actualidad, la iglesia tiene necesidad de laicos que vivan comprometidamente al servicio del Evangelio. De este modo, nos lo recuerda habitualmente el Santo Padre, en sus diferentes discursos y homilías.

Católicos cuya mayor exigencia sea vivir con responsabilidad una vida plena, sin caer en la provocación de los beligerantes, de los que no aceptan nuestro modo de pensar, o mejor dicho, de expresar nuestras creencias, con la misma libertad de conciencia con que ellos expresan su agnosticismo. Católicos conscientes no sólo de su llamado y de su vocación como cristianos; gente como tú o como yo, comprometida con la historia presente, arquitectos de una sociedad que tenga como referente la solidaridad, el respeto por las ideas de los otros, las creencias de los otros, en la que la integración acalle la voz segregadora de los intolerantes, sea cual fuere su signo.

Creyentes formados en los diferentes ámbitos, en los que a diario crecemos como personas, con capacidad de elección y también de decisión; personas con la facultad de discernir y hacer frente a los acontecimientos actuales, que den razón de su esperanza a los que han perdido la suya, porque hoy no debemos ignorar que serán los acontecimientos del presente, nuestros actos y nuestras decisiones, los argumentos que utilice la historia a la hora de juzgarnos, así en el futuro, a algunos de nosotros, se nos eximirá de toda responsabilidad si en nuestra defensa, argüimos que hemos defendido aquello en lo que creíamos y que amamos profundamente, o sea, a Cristo.

 Católicos que expresen en voz alta y sin miedo sus creencias, que sean capaces de ponerlas al servicio de una sociedad integradora. Que no se dejen manipular con facilidad, a quienes no se les imponga un modelo de sociedad profana o secularizada, al servicio de las ideas y la razón, en la que Dios no tenga cabida. Católicos  conocedores  de sus raíces cristianas y de la universalidad  de una historia común, compartida: hombres y mujeres como nosotros, capaces de vivir con autenticidad la vocación al servicio y al llamado de nuestra madre la iglesia, eso si, sin obviar nuestra condición de cristianos renovados por la gracia del Espíritu, por quien experimentamos la poderosa acción de los carismas en nuestra vida.

Sin duda esta es nuestra verdadera vocación, experimentar las gracias y las bondades del Espíritu Santo. Viviendo con autenticidad y con responsabilidad porque a diferencia del resto del mundo, que en su opción de vida ha excluido a Dios, nosotros hemos optado por vivir un modelo de vida en la que Dios es el centro de toda nuestra historia, de este modo, nosotros también compartimos los problemas cotidianos, sufrimos y padecemos los avatares del destino  aunque de otra manera, nuestra formula, compartir nuestras cargas con un amigo que nunca falla, Dios. Porque nosotros no solo creemos, también damos  testimonio  de solidaridad y de caridad con el que sufre, porque mi semejante, sea cual sea su ideología, condición o creencia, es mi hermano en Cristo.

 La caridad, “como manifestación de un lenguaje divino” que se perpetua en el tiempo. La caridad ella nos impulsa: hoy proclamamos con voz firme, “proféticamente”, la voluntad de Dios no solo en medio de una sociedad insolidaría, incapaz de aceptar los valores que protegemos, también y de manera más cercana, entre los nuestros, de tal modo que no sólo sean nuestros gestos, también nuestras palabras inspiradas por esa Verdad divina, quienes manifiesten la voluntad de nuestro Dios en nuestros grupos. Porque nosotros proclamamos una única verdad, Cristo vivo y resucitado.

Por ello es imprescindible, que a la hora de expresarnos hagamos evidente, con nuestro propio testimonio, nuestro urgente llamado a la reevangelización, ya que en nuestro corazón, la voz de Dios se eleva con autoridad y firmeza: “ID y anunciar la buena nueva”. Por ello, nuestro anuncio ha de hacerse con un espíritu renovado, manifestando nuestra solidaridad no sólo con los que sufren y viven cada día confinados en el miedo y la incertidumbre, sin saber qué les deparará el mañana, asimismo, con aquellos que entre nosotros han acogido, sin oposición, posturas que relativizan y minimizan la veracidad de nuestras palabras, etiquetándolas  con un calificativo que no les corresponde, ya que hay muy poco de falsedad en ellas.

Pero en nuestro caso, como miembros de la Renovación Carismática, la comunidad nos ha permitido reedescubrir la importancia de ser y sentir como creyentes;  como miembros de un movimiento plenamente integrado dentro de la iglesia católica. Este ser y sentir como propio, la universalidad de la iglesia, nos anima hoy ha hacer nuestra la voz de nuestro Papa, de nuestros obispos y sacerdotes,  porque esta es una iglesia que vislumbra con esperanza el futuro, un mañana en el que los jóvenes han de encontrar su propio lugar dentro de ella, porque los jóvenes de hoy serán los practicantes de mañana; de nosotros depende su vinculación y su compromiso,  con la causa del Evangelio, haciendo suyo el don del servicio, como carisma concedido a todos y cada uno de los que participamos de la gracia de la comunidad.

La comunidad no es solo el lugar en el que uno ha nacido espiritualmente, es la madre que te protege, te mima, te abraza, te ama por encima de tus límites y debilidades. Es aquella que a modo de mujer, figurativamente hablando, te educa y guía, transmitiéndote los valores y los contenidos de nuestra fe por la gracia del Espíritu Santo; es la madre que te ayuda a seguir el camino correcto porque muchos de los que acuden a ella buscando cobijo, viven sometidos bajo la influencia de corrientes pasajeras, o modos de vida en cierto modo ambiguos, en la que la descristianisación tiene su culmen. Estas personas han perdido el contacto con Dios y quizás lo mas grave, nunca han tenido verdadera experiencia del amor de Dios en sus vidas. Su fe ha quedado reducida a fragmentos de una existencia marcada por el abandono y el desinterés, una fe que continuamente, en el día a día, es puesta a prueba.

Al presente, nuestra conciencia nos exige una total entrega al servicio de la comunidad, por eso proclamamos la Palabra no solo entre los hermanos, también entre aquellos que se sienten vencidos por las dificultades, ¿acaso no poseemos cada uno de nosotros una esperanza imperecedera?, ¿no es Cristo nuestra auténtica esperanza? Este es  nuestro legítimo anhelo,  esta certeza nos autoriza y nos anima, a pesar de los sufrimientos, ha hacer presente en medio de nosotros, “vasijas de barro”, el lenguaje del Evangelio, por eso anunciamos y proclamamos la Palabra de Dios, porque una de nuestras mayores preocupaciones es acompañar espiritualmente a nuestros  hermanos. Por eso manifestamos que nuestro deber es ser puente para el otro; cada uno de nosotros ha de ayudar al otro ha descubrir la novedad del Evangelio, desde nuestro ser como carismáticos; sirviendo uno mismo, si es preciso, de alimento y como Jesús, saciar el hambre interior de quienes viven con deseo de ser alimentados por la Palabra.

Debemos pues, despertar en los corazones de nuestros hermanos el deseo y el anhelo de encontrarse cada día con Dios, porque únicamente de este modo, los desilusionados por el mundo, serán acogidos por la comunidad como el hijo prodigo (Lucas 15).

Porque como decía, al iniciar mi alocución, no debemos olvidar que en la actualidad, la iglesia tiene necesidad de laicos que vivan comprometidamente al servicio del Evangelio. De este modo, nos lo recuerda habitualmente el Santo Padre en sus diferentes discursos y homilías.


                                        Genoveva.
                              Comunidad de Buena Nueva.

viernes, 16 de septiembre de 2011

"TÚ ERES EL CAMINO"















La zarza ardiente:

Un proyecto en la RCC para la Iglesia

por Kim Kollins


La espiritualidad de Pentecostés pertenece a toda la iglesia. La RCC ejemplifica esta espiritualidad en su vida y expresiones. El Papa Juan Pablo II confirmó esto aun más en la Solemne Vigilia de  Pentecostés de 2004 en su homilía a toda la Iglesia, Gracias al Movimiento Carismático, multitud de cristianos, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, han vuelto a descubrir Pentecostés como una realidad viva en sus vidas cotidianas. Espero que la espiritualidad de Pentecostés se extienda por la Iglesia como un incentivo renovado a la oración, la santidad, la comunión y la proclamación. A este respecto aliento la iniciativa conocida como la “Zarza Ardiente”, promovida por la Renovación en el Espíritu. Se trata de la adoración incesante, día y noche, ante el Santísimo; es una invitación a los fieles a “volver al Cenáculo”, de manera que, unidos en la contemplación del Misterio Eucarístico, puedan interceder para la total unidad cristiana y para la conversión de los pecadores. Espero con entusiasmo que esta iniciativa conduzca a muchos a volver a descubrir los dones del Espíritu, cuya fuente original es Pentecostés.”
La Iniciativa de la Zarza Ardiente da la oportunidad de responder a la llamada a una Nueva Evangelización, permitiendo a la Iglesia a vivir de nuevo una efusión del Espíritu Santo, los dones del Espíritu Santo, así ayudando a que tome forma la “cultura de Pentecostés”. La primera fuente de acción renovadora es la oración, que nos conecta con el Espíritu de Cristo que es “El que renueva la faz de la tierra” (Beata Elena Guerra).
La Iniciativa de la Zarza Ardiente desea ayudar al pueblo de Dios a experimentar un Pentecostés no sólo de un momento o de un día, sino un Pentecostés permanente, según la intuición de la Beata  Elena Guerra quien, al final del siglo diecinueve, urgió al Papa León XIII a conducir a la Iglesia de regreso al Cenáculo/Estancia Superior de Jerusalén, para que la Iglesia se viera iluminada una y otra vez y ardiera como una zarza ardiente. En la primera de las doce cartas confidenciales de Elena al Papa León XIII escribió:
“Santo Padre, el mundo es perverso, el espíritu de Satanás triunfa en nuestra sociedad pervertida y  arranca del Corazón de Jesús una multitud de almas; y en este terrible estado de cosas los cristianos no dedican ningún pensamiento a dirigir súplicas unánimes a Aquel que puede “renovar la faz de la tierra”. Las personas recomiendan todo tipo de devociones, pero mantienen silencio sobre esa única devoción que, según el Espíritu Santo de la Iglesia, debería ser la primera y principal. Las personas recitan tantas novenas, pero esa única novena, que por mandato de Nuestro Salvador en persona, fue recitada incluso por la Santísima María y por todos los Apóstoles, está ahora casi olvidada.  Los predicadores alaban a todos los santos, pero ¿cuándo escuchamos alguna vez un sermón en honor del Espíritu Santo, Aquel que modela a los santos? …Por lo tanto, o Santo Padre, sólo usted puede hacer que los cristianos vuelvan al Espíritu Santo, de modo que el Espíritu Santo pueda volver a nosotros; derrote el reino maligno del diablo, y concédanos la largamente ansiada renovación de la faz de la tierra” (17 de abril de 1895). (2)
La Iniciativa Zarza Ardiente es una respuesta a la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II, Novo Millennio Ineunte, “...nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas ‘escuelas de oración’, donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza hasta el ‘arrebato del corazón’ …Fue Pedro quien pronunció la palabra de fe: ‘...en tu palabra, echaré las redes’. Al comenzar este milenio, permitid que el sucesor de Pedro invite a toda la Iglesia a hacer este acto de fe, que se expresa en un compromiso renovado de oración. ‘Duc in Altum’ (Lc 5, 4)”. Además  el Santo Padre le dijo a la RCC, “remad mar adentro en la oración” para “remar mar adentro en la misión”. 
En el siglo pasado, cientos de millones en todas partes de la cristiandad se han encontrado con Dios en una experiencia de Cenáculo de un Pentecostés personal, el “bautismo en el Espíritu”; una experiencia concreta de la “gracia de Pentecostés” en la que la obra del Espíritu Santo se ha convertido en una realidad experimentada en nuestras vidas y en nuestras comunidades de fe. La Iniciativa Zarza Ardiente ayuda a seguir aventando la llama del Espíritu Santo y los dones del Espíritu Santo para el servicio de la Iglesia. Estamos en una época en el que Dios está llamando a su pueblo volver de nuevo a la Estancia Superior. 
Seamos cada uno de nosotros embajadores del Espíritu Santo y de la espiritualidad de Pentecostés. Vivamos de la fuente de la oración en adoración e intercesión para toda la Iglesia, según la gracia que hemos recibido en nuestra experiencia de Pentecostés personal. 



*  Kim Catherine-Marie Kollins es miembro de ESCI (Subcomité europeo de ICCRS en sus siglas en inglés.)

miércoles, 14 de septiembre de 2011

" VIVIR LA EXPERIENCIA CARISMÁTICA SIN MIEDOS O ATADURAS, HACIENDO VALER EL PODER DEL ESPÍRITU"

                                

La Nueva Evangelización: el reto del tercer milenio

Por Nikol Baldacchino (Boletín del ICCRS. Nov. 2001)-

Introducción

La llamada de Cristo a sus seguidores es la de "Id y haced discípulos de todas las naciones. . ." Este mandato divino de nuestro Señor Jesús se ha vuelto a enfatizar en la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano Segundo en los años 60.

Desde 1983 Juan Pablo II ha llamado repetidamente al compromiso de todas las fuerzas de la Iglesia a la nueva evangelización. Al principio del tercer milenio de la cristiandad, es más urgente que nunca, mantiene el Papa, demostrar la importancia del mensaje cristiano para todos los pueblos del mundo y revitalizar la fe cristiana en partes del mundo donde se ha vuelto débil o inerte. Resumiendo la orientación principal de su pontificado, declaró en la Ciudad de México el 6 de mayo de 1990: "El Señor y maestro de la historia y de nuestros destinos ha querido que mi pontificado sea el de un papa peregrino de evangelización, recorriendo los caminos del mundo, llevando a todos los pueblos el mensaje de la salvación".

Constantemente ha llamado a todos los cristianos a unirse a lo que él llama "una nueva evangelización y misión a las naciones". Una llamada que afirma, "ningún creyente o institución de la Iglesia está exento de ello, de proclamar a Cristo a todas las gentes" (Ver Redemptoris Missio, 3).

1). ¿Por qué "nueva" evangelización?

Hace mucho, en 1983, en Haití, Juan Pablo II habló de "una nueva evangelización que es nueva en su celo, nueva en sus métodos, nueva en su expresión". Esto quiere decir que:

a) no presumimos ni actuamos como si nuestra gente bautizada ya fuera católica comprometida;

b) la nueva situación determinada por los cambios radicales en la sociedad exige:

- un nuevo lenguaje,

- un nuevo estilo,

- una manera nueva de vivir y anunciar el Evangelio y

- una manera nueva de dar el testimonio que la Iglesia está llamada a dar.

2). La evangelización no es fácil y nunca lo ha sido.

Hoy tendemos a culpar a la cultura predominante de nuestra falta de éxito. Denunciamos su individualismo, secularismo, relativismo, hedonismo, y otros vicios - que realmente hacen el entorno poco amistoso para la proclamación del evangelio. Pero con demasiada facilidad pasamos por alto el profundo hambre de religiosidad que sigue agitándose en los corazones de hombres y mujeres contemporáneos. Descontentos con una civilización de aparatos y entretenimiento, muchos están buscando algún sentido predominante en la vida.

También existe el fenómeno de los cristianos nominales. Uno puede describir un cristiano nominal como "alguien bautizado pero sin ningún compromiso serio, uno que nunca ha tomado posesión de su fe".

Pueden existir muchas razones para que esto ocurra. Pero la causa principal, en mi opinión, es el hecho de que los cristianos nominales tienen una fe que no es suficientemente profunda para combatir esta época nueva donde la influencia de lo material y de lo secular es tan poderosa.

No obstante, mucha de esta gente está buscando una fe que dé sentido a la vida, incluso aunque ya no estén satisfechos con la práctica religiosa.

Uno se pregunta por qué, con todo el aliento oficial dado a la evangelización por parte del Vaticano II y los papas recientes, los católicos en su mayoría están poco dispuestos a estar en la primera línea de la tarea evangelizadora.

3). Visión de una comunidad expansiva.

Un vistazo rápido al Nuevo Testamento es suficiente para que nos demos cuenta de que la visión de la Iglesia es la de una comunidad expansiva, encargada divinamente a extender a todos los pueblos el mensaje salvador de Jesucristo. Jesús es el contenido y el portador principal del Evangelio. Habitando en los corazones de aquellos que están bautizados en Su Cuerpo, y presente activamente en su predicación y testimonio, por la poderosa presencia de su Santo Espíritu, se mueve interiormente y ayuda a los fieles a continuar su obra.

En términos bíblicos el evangelio puede describirse como

    el poder salvador del Cristo resucitado, y
    ejercitado en y a través de la Iglesia por medio de la palabra, el sacramento y el testimonio personal.

La evangelización no se termina con la primera proclamación del evangelio. Es un proceso para toda la vida dejar que el Evangelio transforme todas nuestras ideas, nuestras actitudes y todas nuestras vidas. Buscará renovar la vida completa de los creyentes, de la Iglesia y de la misma sociedad a través de la levadura del Evangelio.

4). Ningún éxito inmediato.

Como el cardenal Ratzinger enfatizó recientemente, "la nueva evangelización no puede significar atraer inmediatamente grandes masas que se han distanciado de la Iglesia utilizando métodos nuevos y más refinados. Esto no es lo que promete la nueva evangelización".

La nueva evangelización significa no estar nunca satisfecho. El gran árbol de la Iglesia Universal que creció desde un grano de mostaza y en el que diferentes pájaros pueden encontrar su sitio no es suficiente. Debemos atrevemos con la humildad de una semilla esparcida permitir a Dios que elija cómo y cuando puede brotar un nuevo fruto para una nueva cosecha de nuestro trabajo en Su nombre (Mc 4, 26-29).

5). La nueva evangelización está basada en la oración.

Jesús predicaba de día, de noche oraba. Jesús tenia que conseguir los discípulos de Dios. Esto mismo siempre es verdad. Nosotros mismos no podemos reunir hombres. Debemos conseguirlos por Dios para Dios. Todos los

métodos están vacíos sin el fundamento de la oración. La palabra del anuncio siempre debe estar empapada de una intensa vida de oración.

Aquí veo una gran contribución que la Renovación Carismática Católica ha dado y seguirá dando a toda la Iglesia: la evangelización y todo trabajo pastoral tiene que construirse sobre y empaparse de oración. No puede haber un reavivamiento espiritual si no es el resultado de una vida de oración ferviente y llena de espíritu.

6). ¿Dónde y cómo tendrá lugar esta "nueva evangelización?".

a) La familia tiene que ser la cuna de la fe, donde los esposos se evangelizan uno al otro y juntos anuncian el mensaje del Evangelio a sus hijos. Aquí es donde se adquiere la fe, donde crece y donde se comparte.

b) Los nuevos movimientos y grupos eclesiales. Estos, ante todo, ofrecen apoyo y aliento a las familias para ayudarlas a cumplir su misión. Los movimientos serán centros para la formación cristiana y la expansión misionera (Redemptoris Missio, 51).

La base de cada movimiento es la de reunirse para orar, leer la Escritura y la catequesis. "Estas comunidades descentralizan y organizan la comunidad parroquial a la que siempre permanecen unida" (Redemptoris Missio, 51).

c) Las parroquias siguen teniendo un papel vital en la misión de la nueva evangelización. Son un apoyo y ofrecen ayuda a estos movimientos y grupos eclesiales y serán "alimento" para su fe.

7). Los contenidos de la nueva evangelización.

En mi opinión, tenemos que recordar dos aspectos muy importantes del contenido del mensaje del Evangelio.

a) Conversión: La palabra griega para convertir significa: volver a pensar, cuestionarse el modo propio y el modo común de vida; permitir a Dios que entre dentro de los criterios para vivir; no meramente juzgar según las opiniones corrientes.

Por lo tanto, convertirse significa: no vivir como viven todos los demás, no hacer lo que todos hacen, no sentirse justificado en acciones dudosas, ambiguas, malas, sólo porque los demás hacen lo mismo. Empezar a ver la vida de uno a través de los ojos de Dios; de ese modo buscando el bien, incluso si es incómodo; no confiando en el juicio de la mayoría de los hombres, sino en la justicia de Dios; en otras palabras: buscar un nuevo estilo de vida, una nueva vida.

b) El Reino de Dios es la clave para la proclamación de Jesús. Este Reino de Dios no es una estructura social o política o simplemente una utopía. El Reino de Dios es la presencia de Dios entre nosotros, es: Dios que está vivo en mi vida, en nuestra vida. La nueva evangelización tiene que dar testimonio de esta presencia poderosa y amorosa de Dios entre sus creyentes. No habrá evangelización sin una vivencia auténtica de los valores del
     




MINISTERIO DE SANACIÓN.
 INTRODUCCION: 
Jesús envió a los doce, con estas instrucciones: "ID Y PREDICAD QUE EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA. CURAD A LOS ENFERMOS, RESUCITAD A LOS MUERTOS,  LIMPIAD A LOS LEPROSOS, ECHAD A LOS DEMONIOS". (Mt. 10, 7 y 9).
Y Marcos, al final de su evangelio nos dirá: "ELLOS FUERON A PREDICAR POR TODAS PARTES. EL SEÑOR COOPERABA CON ELLOS Y CONFIRMABA SU DOCTRINA CON LOS PRODIGIOS QUE LOS ACOMPAÑABAN."(Mc. 16,20)
"La evangelización de Jesús comprendía dos aspectos fundamentales:
El anuncio de la Palabra
Y la confirmación de esa Palabra con la sanación de los enfermos"
Las señales, los prodigios y los milagros son signos que manifiestan que JESÚS ESTA VIVO, HOY Y SIEMPRE, y vienen a confirmar la proclamación de la Palabra.
Es una de las características que distinguen al auténtico apóstol.
El tema es de la mayor importancia en el día de hoy, si pretendemos presentar a nuestra sociedad un JESUS VIVO Y REAL.
"VAYAN POR TODO EL MUNDO Y PROCLAMAD LA BUENA NUEVA A TODA LA CREACIÓN. ESTAS SON LAS SEÑALES QUE ACOMPAÑARÁN A LOS QUE CREAN: EN MI NOMBRE EXPULSARÁN DEMONIOS, HABLARÁN EN LENGUAS NUEVAS, AGARRARÁN SERPIENTES EN SUS MANOS Y AUNQUE BEBAN VENENO NO LES HARÁ DAÑO; IMPONDRÁN LAS MANOS SOBRE LOS ENFERMOS Y ÉSTOS SE PONDRÁN BIEN."(Mc.16, 15-18).
Estamos perfectamente sabedores, con todo, que el tema es sumamente amplio y no siempre bien entendido. Ello nos dará pie, a través de artículos mensuales, a desarrollar, copiar, sintetizar lo que se ha escrito sobre sanación física, sanación interior y sanación espiritual. Igualmente tendrán cabidas, temas como la intercesión
Comenzaremos presentando, en NOVIEMBRE, 2001, la INSTRUCCIÓN SOBRE LAS ORACIONES PARA OBTENER DE DIOS LA CURACIÓN, emanada de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Santa Sede. Nos centraremos en los aspectos doctrinales, que serán como base de las posteriores enseñanzas.