COMUNIDAD DE BUENA NUEVA.RCCE

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martes, 25 de septiembre de 2012

"MINISTERIO DE SANACIÓN. INTRODUCCION":


MINISTERIO DE SANACIÓN.
INTRODUCCION:
 
Jesús envió a los doce, con estas instrucciones: "ID Y PREDICAD QUE EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA. CURAD A LOS ENFERMOS, RESUCITAD A LOS MUERTOS,  LIMPIAD A LOS LEPROSOS, ECHAD A LOS DEMONIOS". (Mt. 10, 7 y 9).
Y Marcos, al final de su evangelio nos dirá: "ELLOS FUERON A PREDICAR POR TODAS PARTES. EL SEÑOR COOPERABA CON ELLOS Y CONFIRMABA SU DOCTRINA CON LOS PRODIGIOS QUE LOS ACOMPAÑABAN."(Mc. 16,20)
"La evangelización de Jesús comprendía dos aspectos fundamentales: El anuncio de la Palabra y la confirmación de esa Palabra con la sanación de los enfermos"
Las señales, los prodigios y los milagros son signos que manifiestan que JESÚS ESTA VIVO, HOY Y SIEMPRE, y vienen a confirmar la proclamación de la Palabra. Es una de las características que distinguen al auténtico apóstol.
El tema es de la mayor importancia en el día de hoy, si pretendemos presentar a nuestra sociedad un JESUS VIVO Y REAL.
"VAYAN POR TODO EL MUNDO Y PROCLAMAD LA BUENA NUEVA A TODA LA CREACIÓN. ESTAS SON LAS SEÑALES QUE ACOMPAÑARÁN A LOS QUE CREAN: EN MI NOMBRE EXPULSARÁN DEMONIOS, HABLARÁN EN LENGUAS NUEVAS, AGARRARÁN SERPIENTES EN SUS MANOS Y AUNQUE BEBAN VENENO NO LES HARÁ DAÑO; IMPONDRÁN LAS MANOS SOBRE LOS ENFERMOS Y ÉSTOS SE PONDRÁN BIEN."(Mc.16, 15-18).
Estamos perfectamente sabedores, con todo, que el tema es sumamente amplio y no siempre bien entendido. Ello nos dará pie, a través de artículos mensuales, a desarrollar, copiar, sintetizar lo que se ha escrito sobre sanación física, sanación interior y sanación espiritual. Igualmente tendrán cabidas, temas como la intercesión
Comenzaremos presentando, en NOVIEMBRE, 2001, la INSTRUCCIÓN SOBRE LAS ORACIONES PARA OBTENER DE DIOS LA CURACIÓN, emanada de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la Santa Sede. Nos centraremos en los aspectos doctrinales, que serán como base de las posteriores enseñanzas.

                                               
La Nueva Evangelización: el reto del tercer milenio

Nikol Baldacchino (Boletín del ICCRS. Nov. 2001)-

La llamada de Cristo a sus seguidores es la de "Id y haced discípulos de todas las naciones. . ." Este mandato divino de nuestro Señor Jesús se ha vuelto a enfatizar en la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano Segundo en los años 60.

Desde 1983 Juan Pablo II ha llamado repetidamente al compromiso de todas las fuerzas de la Iglesia a la nueva evangelización. Al principio del tercer milenio de la cristiandad, es más urgente que nunca, mantiene el Papa, demostrar la importancia del mensaje cristiano para todos los pueblos del mundo y revitalizar la fe cristiana en partes del mundo donde se ha vuelto débil o inerte. Resumiendo la orientación principal de su pontificado, declaró en la Ciudad de México el 6 de mayo de 1990: "El Señor y maestro de la historia y de nuestros destinos ha querido que mi pontificado sea el de un papa peregrino de evangelización, recorriendo los caminos del mundo, llevando a todos los pueblos el mensaje de la salvación".

Constantemente ha llamado a todos los cristianos a unirse a lo que él llama "una nueva evangelización y misión a las naciones". Una llamada que afirma, "ningún creyente o institución de la Iglesia está exento de ello, de proclamar a Cristo a todas las gentes" (Ver Redemptoris Missio, 3).

1). ¿Por qué "nueva" evangelización?

Hace mucho, en 1983, en Haití, Juan Pablo II habló de "una nueva evangelización que es nueva en su celo, nueva en sus métodos, nueva en su expresión". Esto quiere decir que:

a) no presumimos ni actuamos como si nuestra gente bautizada ya fuera católica comprometida;

b) la nueva situación determinada por los cambios radicales en la sociedad exige:
- un nuevo lenguaje,

- un nuevo estilo,

- una manera nueva de vivir y anunciar el Evangelio y

- una manera nueva de dar el testimonio que la Iglesia está llamada a dar.

2). La evangelización no es fácil y nunca lo ha sido.

Hoy tendemos a culpar a la cultura predominante de nuestra falta de éxito. Denunciamos su individualismo, secularismo, relativismo, hedonismo, y otros vicios - que realmente hacen el entorno poco amistoso para la proclamación del evangelio. Pero con demasiada facilidad pasamos por alto el hambre de religiosidad que sigue agitándose en los corazones de hombres y mujeres contemporáneos. Descontentos con una civilización de aparatos y entretenimiento, muchos están buscando algún sentido predominante en la vida.

También existe el fenómeno de los cristianos nominales. Uno puede describir un cristiano nominal como "alguien bautizado pero sin ningún compromiso serio, uno que nunca ha tomado posesión de su fe".

Pueden existir muchas razones para que esto ocurra. Pero la causa principal, en mi opinión, es el hecho de que los cristianos nominales tienen una fe que no es suficientemente profunda para combatir esta época nueva donde la influencia de lo material y de lo secular es tan poderosa.

No obstante, mucha de esta gente está buscando una fe que dé sentido a la vida, incluso aunque ya no estén satisfechos con la práctica religiosa.

Uno se pregunta por qué, con todo el aliento oficial dado a la evangelización por parte del Vaticano II y los papas recientes, los católicos en su mayoría están poco dispuestos a estar en la primera línea de la tarea evangelizadora.

3). Visión de una comunidad expansiva.

Un vistazo rápido al Nuevo Testamento es suficiente para que nos demos cuenta de que la visión de la Iglesia es la de una comunidad expansiva, encargada divinamente a extender a todos los pueblos el mensaje salvador de Jesucristo. Jesús es el contenido y el portador principal del Evangelio. Habitando en los corazones de aquellos que están bautizados en Su Cuerpo, y presente activamente en su predicación y testimonio, por la poderosa presencia de su Santo Espíritu, se mueve interiormente y ayuda a los fieles a continuar su obra.

En términos bíblicos el evangelio puede describirse como el poder salvador del Cristo resucitado, y ejercitado en y a través de la Iglesia por medio de la palabra, el sacramento y el testimonio personal.

La evangelización no se termina con la primera proclamación del evangelio. Es un proceso para toda la vida dejar que el Evangelio transforme todas nuestras ideas, nuestras actitudes y todas nuestras vidas. Buscará renovar la vida completa de los creyentes, de la Iglesia y de la misma sociedad a través de la levadura del Evangelio.

4). Ningún éxito inmediato.

Como el cardenal Ratzinger enfatizó recientemente, "la nueva evangelización no puede significar atraer inmediatamente grandes masas que se han distanciado de la Iglesia utilizando métodos nuevos y más refinados. Esto no es lo que promete la nueva evangelización".

La nueva evangelización significa no estar nunca satisfecho. El gran árbol de la Iglesia Universal que creció desde un grano de mostaza y en el que diferentes pájaros pueden encontrar su sitio no es suficiente. Debemos atrevemos con la humildad de una semilla esparcida permitir a Dios que elija cómo y cuando puede brotar un nuevo fruto para una nueva cosecha de nuestro trabajo en Su nombre (Mc 4, 26-29).

5). La nueva evangelización está basada en la oración.

Jesús predicaba de día, de noche oraba. Jesús tenía que conseguir los discípulos de Dios. Esto mismo siempre es verdad. Nosotros mismos no podemos reunir hombres. Debemos conseguirlos por Dios para Dios. Todos los métodos están vacíos sin el fundamento de la oración. La palabra del anuncio siempre debe estar empapada de una intensa vida de oración.

Aquí veo una gran contribución que la Renovación Carismática Católica ha dado y seguirá dando a toda la Iglesia: la evangelización y todo trabajo pastoral tiene que construirse sobre y empaparse de oración. No puede haber un reavivamiento espiritual si no es el resultado de una vida de oración ferviente y llena de espíritu.

6). ¿Dónde y cómo tendrá lugar esta "nueva evangelización?".

a) La familia tiene que ser la cuna de la fe, donde los esposos se evangelizan uno al otro y juntos anuncian el mensaje del Evangelio a sus hijos. Aquí es donde se adquiere la fe, donde crece y donde se comparte.

b) Los nuevos movimientos y grupos eclesiales. Estos, ante todo, ofrecen apoyo y aliento a las familias para ayudarlas a cumplir su misión. Los movimientos serán centros para la formación cristiana y la expansión misionera (Redemptoris Missio, 51).

La base de cada movimiento es la de reunirse para orar, leer la Escritura y la catequesis. "Estas comunidades descentralizan y organizan la comunidad parroquial a la que siempre permanecen unida" (Redemptoris Missio, 51).

c) Las parroquias siguen teniendo un papel vital en la misión de la nueva evangelización. Son un apoyo y ofrecen ayuda a estos movimientos y grupos eclesiales y serán "alimento" para su fe.

7). Los contenidos de la nueva evangelización.

En mi opinión, tenemos que recordar dos aspectos muy importantes del contenido del mensaje del Evangelio.

a) Conversión: La palabra griega para convertir significa: volver a pensar, cuestionarse el modo propio y el modo común de vida; permitir a Dios que entre dentro de los criterios para vivir; no meramente juzgar según las opiniones corrientes.

Por lo tanto, convertirse significa: no vivir como viven todos los demás, no hacer lo que todos hacen, no sentirse justificado en acciones dudosas, ambiguas, malas, sólo porque los demás hacen lo mismo. Empezar a ver la vida de uno a través de los ojos de Dios; de ese modo buscando el bien, incluso si es incómodo; no confiando en el juicio de la mayoría de los hombres, sino en la justicia de Dios; en otras palabras: buscar un nuevo estilo de vida, una nueva vida.

b) El Reino de Dios es la clave para la proclamación de Jesús. Este Reino de Dios no es una estructura social o política o simplemente una utopía. El Reino de Dios es la presencia de Dios entre nosotros, es: Dios que está vivo en mi vida, en nuestra vida. La nueva evangelización tiene que dar testimonio de esta presencia poderosa y amorosa de Dios entre sus creyentes. No habrá evangelización sin una vivencia auténtica de los valores del Evangelio.

martes, 18 de septiembre de 2012

"Recordemos qué es la Renovación Carismática Católica según el Cardenal Suenens".


Recordemos qué es la Renovación Carismática Católica según el Cardenal Suenens.

En el boletín nº 9 de la RCeE, el pasado mes de Marzo, incluíamos un extracto del Capítulo V del Libro: "¿Un nuevo Pentecostés?" escrito por el Cardenal Suenens.
En esta, también reproducimos una parte del mismo Libro. Se ha escogido una parte del Capítulo VI; (concretamente el Apartado III).
Con esta lectura, vamos a seguir profundizando en el conocimiento de "esta corriente de gracia" que es la Renovación.
Que el Espíritu Santo nos acompañe en esta lectura y nos haga experimentar su presencia. (Licerio Osuna)


III) Significación y alcance de una experiencia.

Reconocer a un árbol por sus frutos es sin duda un "test" valioso cuando se trata de las obras del Espíritu; no podemos sino alegrarnos ante las múltiples manifestaciones de Espíritu que responden a tal criterio.

Si he hablado de la renovación como de una privilegiada manifestación del Espíritu en la hora actual, no he querido decir que se trate de una exclusiva manifestación que supla a todas las demás. Si fuera así estaríamos caricaturizando mi pensamiento. Pero creo con toda el alma que nos encontramos en presencia de una gracia de elección para la Iglesia, si es que acertamos en captarla, marcar su ruta desde el interior y preservarla de los falsos modos que no cesará de suscitar en ella el Maligno, consiguiendo en cambio que penetre ella como por una especie de ósmosis en nuestro propio comportamiento tanto personal como colectivo.

1.      El cristiano «normal»

Todo movimiento del Espíritu nos invita a interrogarnos a nosotros mismos, como por un contragolpe, sobre nuestra propia correspondencia a la gracia y sobre nuestra propia identidad cristiana.

Ahora bien, lo que más me maravilla en esta experiencia que estoy analizando, es que ella, me fuerza a releer, con nueva atención, los textos de San Pablo y de los Hechos de los Apóstoles, que sin embargo yo creía ya antes conocer. Viendo bruscamente como surgen las manifestaciones del Espíritu, semejantes a aquellas de que nos habla el Nuevo Testamento me veo obligado a plantearme la cuestión de si los cristianos de la primitiva Iglesia lo eran de excepción, de un tipo fuera de serie, o si somos nosotros los cristianos debilitados «por debajo de lo normal». Me veo obligado a interrogarme sobre las normas de la fidelidad cristiana y sobre mi adhesión a Cristo. En verdad ¿yo creo firmemente cuando repito las palabras de San Pablo que dicen: «¡No soy yo sino Cristo el que vive en mí!»? (Ga1., 2,20). Y ¿quién se atreve a decir las mismas palabras como aplicables a todo cristiano que dice estar haciendo aquí en la tierra lo que el Señor hizo por sí mismo? Las que él hizo e incluso mayores... (Cfr. Juan, 14, 12).

Tal interrogación me obliga a arrojar una mirada de frente a lo que el cristianismo posee de más antiguo, de más fundamental: la adhesión a la vida de Cristo en el Espíritu Santo. Con todas sus consecuencias invisibles... y visibles. Bien sea que el «test», por excelencia, de nuestra fidelidad cristiana es la caridad, pero ello no excluye otros signos de la presencia del Señor, los que él nos dio explícitamente y lo que vino como a estallar desde el día siguiente de Pentecostés (Marc., 16, 17-18).

Contemplando e intentando revivir aquellas formas del cristianismo primitivo, me veo obligado a encararme conmigo mismo, como ante un espejo. Y a medir el vigor y la amplitud de mi fe de cristiano del siglo veinte comparándola con la del cristiano del primer siglo.

2. La santidad "ordinaria,".

Para mí lo que más me extraña todavía es ver de pronto cómo el Espíritu se manifiesta y penetra en cristianos de toda condición. Estos estudiantes de Pittisburgh y de Ann Arbor, como los de otras partes, representan al cristiano ordinario. Ellos no son ni eremitas ni están especializados en caminos de alta santidad: son fieles de filas. Y me traen a la memoria una palabra del Maestro, cuando dio gracias a, su Padre: «por haber ocultado esto a los sabios y entendidos y haberlo revelado a los pequeñuelos» (Luc., 10, 21).

Se trata de abrirse al Espíritu y sus dones, pero no solamente en los cristianos que profesan tender a la santidad, sino en todos los que simplemente aspiran a vivir su fe, desde donde se encuentran. ¿Quién se habría ayer atrevido a sostener que estos dones, tales como el de profecía., el de interpretación, el de curación, los milagros podrían también venir sobre los cristianos que sólo viven su fe ordinariamente? Hasta ahora hemos considerado a tales dones como monopolio de los santos o de los fieles... en vías de canonización. Esto bien merece que reflexionemos. Nos es menester revisar nuestra enseñanza respecto al tema, lo cual lleva bien lejos. Por mi parte me impresiona el hecho de que el Vaticano II haya podido consagrar el capítulo V de «Lumen gentium» a recordar con insistencia la vocación a la santidad de todos los cristianos y que el Espíritu Santo aparezca en cuanto a esta obra entre nosotros situado en el centro. Recuérdese cómo en los tratados espirituales de antaño se tenía gran cuidado en jerarquizar la santidad según la sabia graduación que establecía los "estados de perfección". La pirámide situaba a los laicos en la base y a los monjes contemplativos en la cumbre. El canonista ponía incluso en la cabeza de la clasificación a los canónigos regulares de Letrán. El Vaticano II ha insistido con vigor acerca de la santidad como vocación común del cristiano. Esta democratización de la santidad no ha llamado tanto la atención como otras reformas «democráticas»; pero la llamada del concilio permanece, y no puedo por menos de alegrarme ante las respuestas que el Espíritu Santo no deja de suscitar, según la variedad de vocaciones y en las latitudes más diversas.

3. Las prometidas manifestaciones, del Espíritu.

Una vez que se ha aceptado que Cristo vive y opera en cada cristiano es normal creer también que el Señor continúa manifestándose entre nosotros. «Si vosotros no me creéis, decía Jesús a los que, le escuchaban, por lo menos creed en mis obras» (Cfr. Juan, 19, 38).

Estas obras eran los signos y prodigios, la curación de los enfermos, el combate victorioso contra las potencias del mal, la profecía, la interpretación de las Escrituras, aquellas palabras únicas de Quien enseñaba con autoridad y hablaba como nunca había hablado hombre alguno. Todo aquello que demostraba los poderes de Dios en Jesús es normal que se encuentre también entre sus discípulos. No hay solución de continuidad entre el Maestro que curaba al paralítico y Pedro y Juan que dijeron al otro paralítico de la Puerta Hermosa: «en el nombre de Jesucristo Nazareno, levántate (Hechos, 3,6)
Estamos ante el mismo Señor, el mismo Espíritu.
No es, pues asombroso desde luego que una renovación del Espíritu dé lugar a que florezcan las manifestaciones carismáticas.

Lo que nos diferencia, con desventaja nuestra, de la fe de los primeros cristianos se manifiesta en la medida de nuestra apertura, de nuestro saber acoger las riquezas del Espíritu.

Un teólogo bien entendido en la renovación carismática, el Padre ,Kilian McDonnell O. S. B. ha comparado el conjunto de los dones, el «dispositivo carismático>) a un espectro que va de la A a la Z, siempre que se entienda que la analogía tiene un valor muy relativo. y que con ello no se cataloga la acción dinámica multiforme e imprevisible. de Dios. En esta línea distingamos dos zonas:. la de A a P, y la de P a Z; el dicho autor sitúa el espacio de. A a P como propio de los dones ordinarios, y el de P a Z como el de los dones extraordinarios. Los cristianos, nos asegura él, se encuentran más o menos familiarizados con la sección que va de A a P y creen que los dones que van de. P a Z no pertenecen a la vía normal del cristiano. Tal espacio según ellos corresponde a una clase reservada a algunos santos, o seres excepcionales. Se reconoce también que en la Iglesia primitiva se daban en profusión a plano de la vida ordinaria de los cristianos los carismas de A a Z, pero que después hay que esperar mucho para volver a encontrar los y bien aparentes entre los cristianos del siglo veinte. La enseñanza ordinaria no supone otra cosa y no se remite nunca a nada que desdiga a éste como lícito postulado.

Otra comparación podría iluminar.

Comparemos el conjunto de los carismas espirituales a órganos de tubos diversos y poderosos. Tales órganos son instrumentos del Espíritu, es él quien sopla, él el artista. Los tubos vibran bajo sus dedos; la liturgia le lleva la mano, mejor dicho la mano es la del Padre. Para poder dar lugar a todas las sonoridades musicales, es preciso, que todo el teclado reaccione ante los dedos del artista. Si algunas teclas no funcionan, algo anormal hay que examinar. Si la Iglesia en su conjunto no ofrece al Espíritu los debidos sonidos no es debido al Espíritu, sino porque no nos atrevemos a creer que tales teclas podrían muy bien vibrar bajo la mano del artista si ellas estuviesen en plena docilidad, dispuestas a ser manejadas.

Lo que nos falta es una percepción de nuestra identidad cristiana exacta y precisa: no osamos creer, con una fe expectante, que toda la variedad de los dones del Espíritu se encuentre siempre en disposición ante la Iglesia de Dios. No decimos lo bastante que en verdad somos ricos con todas las riquezas de Dios, las cuales nos pertenecen, desde la fe, siempre que las invoquemos con humildad y las acojamos con confianza. El cristiano no sabe lo que él es: un hijo de Dios y heredero del Reino, todo lo cual en la práctica lo ignora; él dispone de tesoros espirituales que permanecen como encerrados, sin ser conocidos por falta de una fe que espera contemplarlos con sus ojos.

En presencia de las manifestaciones del Espíritu, que en numerosas ocasiones me parece que llevan suficientes garantías de autenticidad, me veo obligado a releer, con ojos nuevos, los textos de la Escritura que me hablan de los carismas del Espíritu como de algo normal del todo en el ámbito de las primeras comunidades. Yo bien sabía que los Hechos de los Apóstoles no son un documento arqueológico, y en el concilio luché por la causa de la actualidad de los carismas. Pero una cosa es defender una tesis que creo profundamente justa, y otra sentirse interpelado por los hechos que la confirman. Tal interpelación nos concierne a todos. Lo que me impresiona en estas experiencias no es tanto la novedad cuánto el resurgimiento de la tradición más original y el redescubrimiento de nuestro punto de partida.

Todo ello evoca en mí aquellos versos de T. S. Eliot:
«We shall not cease from exploration
and the end of all our exploring
will be to arrive where we started
and know the place far the first time»

(3) .No dejaremos de explorar, y el término de nuestra exploración, será de nuevo dar con nuestro punto de partida, al que conoceremos entonces por vez primera. T. S. Eliot.

La renovación litúrgica nos ha conducido al punto de partida que fue el cenáculo de Jerusalén en la tarde del Jueves Santo.

La renovación carismática nos invita a contemplar a este mismo cenáculo en la mañana de Pentecostés. Buena gracia es la de poder comprender mejor nuestros orígenes, creyéndonos que ya los conocíamos, es decir, tomando conciencia de ellos con profundidad y autenticidad cristianas.

Una corriente de gracia que pasa.

Para captar el sentido de la renovación carismática y su verdadero alcance es necesario guardarse de aplicar categorías ya terminadas, y en particular ver en ella solamente un movimiento más que conviene yuxtaponer a otros movimientos, o peor aún, que conviene poner en concurrencia con ellos. No se trata en verdad de nada de esto, sino de una moción del Espíritu a disposición de todo cristiano, sea clérigo o laico, es decir, se trata de una corriente de gracia que pasa y que conduce a vivir una tensión mayor y consciente de la dimensión carismática inherente a la Iglesia. Porque todos los cristianos son carismáticos por definición; lo que les distingue es la conciencia más o menos viva que ellos tienen de esta realidad fundamental necesariamente común.

No se trata pues de un movimiento particular, si se entiende por tal una estructurada organización de miembros afiliados con sus obligaciones muy definidas. Para sentirse dentro de esta corriente no se requiere en modo alguno asociarse a un grupo especial constituido en torno a la oración. Nuestro Señor dijo: «Donde dos o tres se reúnan en mi nombre allí me encuentro entre ellos» (Mat., 18, 20). A partir de esta modesta cifra puede tener lugar una oración comunitaria entre cristianos. El Espíritu sopla donde y cuando quiere; no son necesarios cuadros e instituciones algunos para poder penetrar por los más diferentes ambientes: laicos de toda condición, congregaciones y órdenes religiosas de todo género, sin restar nada de su propio carácter, todos ellos se han sentido abiertos a tal corriente, en espera-yo lanzo el pronóstico-de que este movimiento discretamente vaya penetrando paso a paso por los obispos... las conferencias episcopales... los sínodos romanos. E1 hecho de que los cristianos, tocados por esta corriente, gusten encontrarse entre sí para compartir juntos su fe, su esperanza y su amor fraterno bien renovados ellos, y para comunicarse dentro de una oración espontánea en la que se sientan a gusto-sin inhibición, sin respeto humano-ello no indica que allí se trate de una iglesia dentro de la Iglesia, sino sencillamente de ser ellos unos cristianos contentos con serlo juntos ante el Señor y prontos a servir a los demás allí donde la Providencia los ha colocado.

Permítaseme una comparación. Para aprender inglés ¿es imprescindible que me inscriba en una academia Berlitz de idiomas? No, yo puedo aprender el inglés en mi soledad, con la sencilla ayuda de algún disco. También puedo ayudarme de algún amigo inglés que habla en su lengua: me bastaría de uno solo. Lo cual, por supuesto, no quiere decir que un aprendizaje colectivo en una escuela no sea también muy útil. Aquí es donde hay que situar el papel y la importancia de los grupos de oración.

Uno de los responsables de Ann Arbor, Stephen Clark, insiste, para sacudirse todo equívoco: «Nosotros no tratamos de hacer algo especial: intentamos sencillamente vivir el cristianismo en el poder del Espíritu... El Espíritu Santo es el que nos aparece como indispensable... No deseamos de modo alguno que se identifique esta renovación con la renovación de la Iglesia. Dios suscita otras muchas cosas. Pero el trabajo del Espíritu nos parece fundamental. Entonces el redescubrimiento de este poder del Espíritu forma parte verdaderamente esencial de toda la renovación de la Iglesia; lo cual debe afectar con necesidad a campos muy variados: el culto, la liturgia, la vida comunitaria, el servicio social y apostólico»

En una notificación hecha al congreso internacional de South Bend, titulada «The Holy Spirit is no longer a ghost» («El Espíritu Santo no es un fantasma»), el Padre John C. Haughey, S. J. hacía notar con mucha razón que los responsables no tenían apenas que hablar del movimiento carismático, sino del Señor, y añadía: «Cuanto más se encuentra uno asociado a esta corriente, menos se concentra sobre el movimiento como tal y más se interesa en las mociones del Espíritu, tanto en sí mismo cuanto en la comunidad creyente a la cual se pertenece» (5).

El ideal confesado por los «líderes» espontáneos del «movimiento» (me veo obligado a poner entre comillas estas palabras inadecuadas) es el de desaparecer. Un periodista americano titularía tal propósito: "A movement that wishes to die" («Un movimiento que aspira a morir»). Exacto: su ambición es la de borrarse lo más posible, algo así como a otro nivel han desaparecido los movimientos bíblicos y litúrgicos, y esperamos que no menos el ecuménico el día en que toda la Iglesia haya integrado su impulso. Se desea desaparecer una vez que el fin se ha alcanzado como las aguas de, un río pierden su nombre al desembocar en el mar.

Hay quien, por temor de abusos o de cambio de aguja, siempre posibles, se ve tentado de rechazar lo que, a. mi parecer, va marcado por Dios; se podría entonces releer la palabra de Gamaliel a propósito de aquellos cristianos que en cierto Pentecostés inquietaban a muchos: «Por ahora, os lo digo, dejadlos. Porque si su empresa o su obra viene de los hombres se destruirá por sí misma; pero si viene verdaderamente de Dios no os lancéis a destruirla. No os arriesguéis a entrar en guerra contra Dios» (Hechs, 5, 38-39).

"Ahi tienes a tu madre"



            "Este es el horario previsto para nuestra proxima asamblea regional de la Renovación Carismática Católica. Rogamos a Dios para que este nuevo encuentro suscite en nuestro interior un ardiente deseo de volver nuestros ojos al Señor, sólo en Él está la respuesta a nuestra busqueda interior".


lunes, 17 de septiembre de 2012

ORACIÓN Y PREDICACIÓN

"LA VISION COMÚN EN UN GRUPO DE ORACIÓN".

LA VISION COMÚN EN UN GRUPO DE ORACIÓN

EL DESARROLLO DE UNA VISIÓN COMÚN.

HNA. NANCY KELLAR, S.C.

Nikol Baldacchino hablaba de la importancia de tomar buenas decisiones por parte de los dirigentes. Destacaba cuatro frecuentes malas decisiones:

    Descuidar la vida de oración.

    Dirigir sin visión.

    Fallar en motivar a otros.

    Dejar de aprender.

En el segundo suplemento desarrollamos su primer punto sobre la oración. En éste, nos referimos a su segundo punto sobre la visión.

Hace algunos años visité un grupo de oración con muchas tensiones. Algunos sentían que el grupo debía tener más alabanza y utilizar los dones carismáticos del Espíritu. Otros sentían que debía haber más estudio de la Sagrada Escritura. Y otros, irritaban a los demás, porque compartían demasiado. He aprendido a plantear las tensiones como temas de discernimiento. Pregunté: " ¿Sois un grupo de oración carismático, un grupo de estudio de la Biblia o un grupo de comunidad de bienes?". Me respondieron: "Somos una mezcla". Les dije: "No sé lo que Dios quiere que seáis, pero sé que no quiere que seáis una mezcla", porque diversas expectativas crean tensiones.

La razón vital del éxito de Jesús fue que vino con un Objetivo Divino, poseía y proclamaba una visión espiritual clara. Sin una visión común, con la que cada uno esté específicamente de acuerdo, los dirigentes del grupo de oración pueden encontrarse trabajando en objetivos cruzados... y creando más y más tensiones.

A. LOS ELEMENTOS DE UNA VISION COMUN

Se dice en Proverbios, 29, 18 "Cuando no hay visión el pueblo perece, vive sin freno, se desmoraliza". ¿QUE ES LA VISION?

La visión es una llamada del Señor para una forma personal de vida o ministerio. Es una forma de vivir el Evangelio. Es la dirección que sigue un grupo. La declaración de visión de un grupo de oración es la declaración sobre lo que cree que Dios quiere para el grupo. La visión común tiene dos aspectos: claridad de identidad y claridad de misión.

La Claridad de identidad da al grupo el sentido de lo que es, y es un elemento clave de unidad y crecimiento. Con frecuencia surgen problemas entre los dirigentes que dedican todo su empeño a la reconciliación, porque el problema no es de relación (unidad de corazón), sino un problema de visión (unidad de mente).

La Claridad de misión da al grupo el sentido de por qué somos y es un elemento clave de compromiso de servicio. La visión que compartimos debe ser lo suficientemente grande y clara para suscitar el compromiso. Nadie dejará otras cosas si no es porque él/ella ve algo que vale la pena. Diversas expectativas crean tensiones

B. IDEAS CLARAS

Tener las ideas claras es una cosa vital para alcanzar una visión común. A continuación describimos varias clases de grupos:

    Grupo de Estudio de la Biblia. Se reúne para crecer en su conocimiento de la Biblia. Supone tener una persona con formación en la Sagrada Escritura que dé charlas sobre algunos aspectos de la Biblia, seguidas por preguntas o comentarios; o que el grupo utilice una de las diversas guías de estudio de la Biblia para estudiar la Sagrada Escritura.

    Grupo de Oración de Intercesión. Se reúne principalmente para pedir al señor por las necesidades del mundo y de la Iglesia.

    Grupo de Comunidad de Bienes. Se reúne para compartir su fe y su vida para recibir apoyo y estímulo en su vida cristiana. La visión que compartimos debe ser lo suficientemente grande y clara para suscitar el compromiso.

    Grupo de Oración Carismático. Ya que nos estamos centrando de manera especial en formación para dirigentes de grupos de oración carismática, me gustaría desarrollar esta definición más ampliamente. La vocación especial de un grupo carismático de oración es reproducir de una manera visible la imagen de Pentecostés en la Iglesia actual. Primero, creo que necesitamos distinguir entre el grupo o comunidad de oración y la reunión de oración. El grupo/comunidad de oración, es el nombre que abarca a todo el grupo de dirección, los miembros comprometidos y los distintos encuentros y salidas de estos hermanos y hermanas. La reunión de oración es una de las salidas evangélicas regulares del grupo de oración.

Un grupo de oración carismático vibrante tiene cinco marcas espirituales.
    Iniciación Eficaz - Exige llevar sin cesar a la gente a conocer a Jesús, como su Señor y Salvador personal, rezando con la gente para que reciban la Efusión del espíritu Santo y conecten con el Cuerpo de Cristo para que crezcan.

    Recepción y Ejercicio de los Dones Carismáticos - En un grupo carismático los fieles necesitan estar siempre en oración para que los dones carismáticos del Espíritu Santo se manifiesten en sus vidas y en las vidas de la gente evangelizada por el grupo. Los dones carismáticos de lenguas, profecía, sanación, pastoral, enseñanza y predicación han de ponerse en funcionamiento en los encuentros del grupo de oración de manera que se vean y oigan.

    Desarrollo de una Vida Espiritual madura - El grupo de oración carismático necesita ayudar a la gente a conocer a Jesús más profundamente y crecer en madurez en el espíritu. Necesita alimentar a los miembros con alimento espiritual sólido, enseñanza de crecimiento y estudio de la Biblia. Mucha gente pierde el fuego de Pentecostés porque falla en reconocer que el tiempo de ungimiento es seguido por el tiempo de purificación y forma parte del crecimiento espiritual.

    Crecer juntos como hermanos y hermanas - Un elemento vital para la duración del grupo de oración carismático es dar a los miembros del grupo de oración la oportunidad de reunirse para conocerse entre ellos como hermanos y hermanas. Los grupos que comparten, ofrecen aliento, apoyo y atención personal que tantos están buscando. A veces como dirigentes, hemos corregido a gente por compartir poco o mucho tiempo en una reunión de oración y fallamos en proporcionar medios para compartir.

    Comunicación y Misión - El grupo/ comunidad carismático necesita tener un fuerte sentido de misión y claridad sobre su misión para favorecer una experiencia personal de Pentecostés a través de la Efusión en el Espíritu Santo. La reunión de oración carismática ha sido la comunicación evangélica más común del grupo de oración. Una reunión de oración llena de alabanza y adoración, con el ejercicio de los dones del espíritu, con buena predicación de la Palabra de Dios y oración de intercesión sigue siendo el medio más eficaz de evangelización. Un grupo carismático de oración necesita tener otras formas creativas de comunicación - desayunos de hombres, comidas de mujeres, retiros familiares sobre la vida-en-el-Espíritu, evangelización puerta-a-puerta, visitas a domicilio y a presos.

Estas ideas claras ayudan a echar los cimientos para alcanzar una visión común; pero son sólo el principio.

Si se trata de obtener una visión común, se necesita cultivar el deseo de recibir la visión de Dios y más tarde emprender el trabajo de recibir el plan de Dios para el grupo.

C. ALGUNAS PREGUNTAS ÚTILES PARA DISCERNIR

LA VISIÓN

1 EL PASADO:

. ¿Por qué empezamos a reunirnos: Dio Dios una clara indicación para tomar otro camino sobre el que estábamos todos de acuerdo? ¿O nos dejamos llevar en otra dirección?

2 EL PRESENTE:

. ¿Qué clase de grupo somos?

. ¿Qué vitalidad tiene el grupo? ¿Entran nuevos miembros?

3 EL FUTURO:

. ¿Cuál es la dirección de Dios para nosotros?

. ¿Qué cambios necesitamos hacer para estar donde Dios quiere que estemos?

Prov. 29,18 "Cuando no hay visión el pueblo perece, vive sin freno, se desmoraliza"

(DE: Boletín DE ICCRS INTERNATIONAL CATHOLIC CHARISMATIC RENEWAL SERVICES)

"ELECCION DE LOS SERVIDORES ¿ELEGIMOS PASTOR, FORMAMOS UN EQUIPO? BERNARD DE FORNEL, Toulouse".





ELECCION DE LOS SERVIDORES

¿ELEGIMOS PASTOR, FORMAMOS UN EQUIPO?

BERNARD DE FORNEL, Toulouse

¿Convendrá elegir un pastor y un equipo en un grupo de oración que no los tiene? Si la respuesta es afirmativa ¿cómo se ha de proceder? Si el grupo ya tiene un pastor y un núcleo, ¿se debe afrontar después de cierto tiempo su sustitución de una forma regulada y periódica? ¿Qué prácticas se usan hoy en los grupos de oración y qué elementos de reflexión podemos compartir para mejorar, siempre que sea necesario, nuestras formas de elección?

Para tratar de responder a estas preguntas pedí a un gran número de grupos que compartiesen conmigo sus experiencias en este campo. Recibí de regiones diferentes un número significativo de respuestas, que me han servido para formular algunas indicaciones sobre la práctica de los grupos en la elección de pastores y en la formación de un núcleo o equipo.

Paso a concretar algunos aspectos, no exhaustivos, que explican la perduración de ciertos pastores y equipos más allá de lo deseable.

1. Actuaciones desde dentro del grupo.

Muchos grupos en sus respuestas subrayan sus métodos de renovación del pastor y del equipo. Otros grupos, tal vez porque no utilizan el cambio, omitieron su contestación. La elección del pastor y de su equipo se efectúa, de ordinario, según los siguientes esquemas:

    Unas veces, los miembros del grupo proceden a la elección de un núcleo o equipo, después de invitar a proponer algunos nombres. Cuando unas personas han obtenido una mayoría significativa, hasta igualar el número previsto para el núcleo, éste queda constituido sin más. En un momento posterior, el núcleo o equipo nombra de su seno a un pastor.

    Otras veces se procede a la elección de un pastor, y éste posteriormente elige algunos hermanos o hermanas para formar un núcleo o equipo.

    En alguna ocasión, aunque cada vez con menor frecuencia, el pastor y el equipo son elegidos en la misma votación, determinándose el pastor deseado desde la misma lista de los nombres propuestos.

Con unas semanas de anterioridad, se advierte en el grupo el término del mandato y se les invita a prepararse en oración. He de subrayar que, en la mayoría de los casos, la votación se realiza en medio de una asamblea de oración o en un rato de adoración ante el Santísimo Sacramento.

Algunas veces la votación va precedida por una enseñanza sobre el pastor y su equipo y sobre su ministerio, y, con frecuencia, se invita una persona ajena al grupo para impartir esta enseñanza y proceder al recuento de los votos. Esta última precaución facilita que los miembros del equipo, reelegidos o no, no conozcan el número de votos que obtuvieron, evitándose así las consiguientes amarguras.

Exceptuando a los grupos muy reducidos, en los demás sólo se invita a la elección las personas con una relativa antigüedad en el grupo, y, con frecuencia, la votación queda reservada a los que ya han recibido la efusión del Espíritu. No obstante, cuando se procede así, la votación definitiva puede ir precedida por una consulta general al grupo, incluyendo a los nuevos. Esta consulta indicativa permite establecer una primera lista de nombres. A estos se les pregunta entonces si pueden aceptar o no su eventual participación en el equipo o núcleo. Más tarde, la votación para la constitución del equipo se puede hacer a partir de la lista y limitándose a los que han dado su aceptación. Este procedimiento en dos fases puede parecer complicado, pero ofrece la ventaja en los grandes grupos de reservar la elección a los antiguos, pero a la vez se consulta a todo el grupo, de modo que quede más implicado en la votación definitiva.

Durante los primeros años de la Renovación Carismática, la práctica más extendida consistió en la incorporación sucesiva de personas al núcleo por invitación y así se accedía a la función de pastor, mirando las necesidades del grupo y los carismas de las personas. Esta práctica aún perdura en algunos grupos, donde se invita a tal hermano o hermana por tener un carisma de profecía, de enseñanza o de discernimiento para que robustezca al equipo poniendo al servicio de todo el grupo los carismas correspondientes.

Que un profeta, por ejemplo, no participe en el grupo, puede facilitarle el ejercer su carisma con mayor libertad y servir así mejor al grupo, con tal de que esté sometido a los profetas.

2. Análisis comparativo de estas prácticas

Ofrecer un dictamen comparativo sobre las diversas prácticas usadas para elegir pastores en los grupos de oración, no implica elegir una sola fórmula y rechazar las demás; porque conviene que todo se matice en función del desarrollo e historia del grupo y también según el compromiso comunitario que une a sus miembros entre sí y, ocasionalmente, según otros criterios. La incorporación al pastoreo por invitación presenta, a mi entender, un doble peligro:

    Existe el riesgo de que se abra un foso - entre el grupo de una parte y de otra el pastor y su equipo- si a los participantes de un grupo no se les pide nunca su opinión. Espontáneamente el equipo o núcleo existente tenderá a elegir con preferencia a personas con las que se entiendan mejor y que apoyen las mismas ideas sobre la dirección del grupo. Así, las opiniones diversas no se manifestarán y se corre un peligro de esterilización.

    A veces, se eligen los miembros de gobierno en función de ciertos talentos y carismas, como antes dije, y puede arrumbarse la invitación a otros hermanos y hermanas con talentos y carismas menos espectaculares, pero que podrían aportar al grupo un enriquecimiento complementario con su participación en el equipo.

Bastantes grupos dan testimonio de que la elección hace que emerjan con regularidad personas nuevas a las que sin ella no se hubiese prestado atención. Estas razones me inclina a preferir la elección de un núcleo o equipo, que a continuación escoge de entre ellos un pastor, en vez del segundo procedimiento, donde el pastor elegido es quien posteriormente escoge a su equipo.

La primera práctica, por añadidura, subraya la importancia de la "dirección" confiada a un grupo de servidores y, por tanto, la dimensión "comunitaria" y colegial de los animadores, mientras que el segundo procedimiento insiste más en el "carisma de pastor". .

Es verdad que poner de relieve el 'carisma de pastor' como participación en la misión del único y exclusivo Pastor que es Cristo, puede ser fuente de una unión profunda del grupo en torno a su pastor; pero, por contra, se puede caer en el ejercicio de un poder autoritario, más o menos manifiesto, sobre el grupo, donde los miembros del equipo se reducen a mera "comparsa" del pastor.

Finalmente, la elección simultánea del pastor y del núcleo no me parece deseable, porque no asegura la unidad entre el pastor y su equipo, puesto que los dos son elegidos por el grupo sin buscar su coordinación.

Me parece útil subrayar algunos criterios, estimados por los grupos cuando proceden a la elección del pastor y su núcleo, como esenciales para ayudarnos a aceptar la elección de Dios:

    Dar una gran importancia a la oración antes de la elección y durante ella,

    Evitar toda campaña electoral, que podría desnaturalizar la votación y las motivaciones de las personas que han de acoger la llamada del Señor para servir a sus hermanos.

    Fijar una duración limitada para los "mandatos", ocasionalmente renovables, de modo que se facilite que un número grande de hermanos y hermanas puedan aceptar este servicio con los consiguientes sacrificios en su vida familiar y profesional por un tiempo limitado.

    Asegurarse en el curso de la votación de que las personas elegidas tengan un amplio apoyo, de modo que el pastor y su equipo sean aceptados por la casi totalidad del grupo (la mayoría de un 50,5% solamente, no es deseable).

3. Situaciones inmovilistas.

Si bien, como señalé antes, un gran número de grupos carismáticos tiene determinadas las modalidades para asegurar la renovación de sus "cuadros"; sin embargo, existen situaciones en las que nada está previsto para realizar los cambios y donde se constata que hay grupos en los que el pastor o la pastora siguen siéndolo después de 10, 15 o más años. Hay grupos que no saben qué hacer en estos casos. También se observa, en ocasiones, una clara resistencia a dejar el puesto.

Cuando un pastor sigue en su cargo después de mucho tiempo, los miembros de su grupo van identificando poco a poco el servicio con la persona que lo ejerce y no se imaginan que otra persona pueda desempeñarlo.

No ven posible encontrar otro pastor tan perfecto, tan entregado y tan lleno de carismas. Se oye incluso hablar del grupo del señor O o de la señora Z. Se desemboca así en una serie de culto a la personalidad, que ahoga todo intento de cambio. Nadie ataca la buena voluntad, la dedicación y la generosidad de una persona concreta ni duda de ellas; incluso estas buenas cualidades sirven de argumentos añadidos para mantener todo sin cambios. Esta permanencia proporciona la seguridad que muchos hermanos y hermanas buscan y así, de forma muy sutil y más o menos consciente, el grupo, culpabilizado de algún modo, presiona a su pastor y a su equipo para que mantengan la situación. El miedo a una elección, que pueda parecer una desaprobación o un castigo al equipo en el poder, actúa también de freno.

Cuando el pastor y los miembros de su equipo vean la necesidad de un cambio, una solución posible consistiría en que el pastor presente su renuncia al cargo y ayude al grupo para que prepare la elección, que le sustituya a él y a su equipo. A veces el pastor se retrae de dar este paso porque teme que su grupo quede huérfano, cuando una explicación pertinente y un tiempo de preparación llevarán al grupo a compartir su propuesta.

Una de las razones contrarias a un cambio regular reside en una concepción falsa del carisma y del servicio equiparados a los ministerios de la ordenación sagrada. Recibí un testimonio que ilustra esta posición y del que cito un fragmento: "Yo diría a todos los que se disponen a acoger a un pastor: Mirad lo que pasa en la Iglesia; mirad cómo se acoge al Papa y al Obispo... ¿Se trata acaso de una elección en el sentido laico del término? No; es el Espíritu Santo, es el Señor el que da pastores a su Iglesia... y estos pastores se eligen de por vida. ¿Con qué derecho se determina en un grupo que un pastor sea elegido por 3 años para que cada uno tenga su oportunidad? ¿Qué oportunidad? ¿Inspira el Señor estas decisiones? La Iglesia no es una democracia. No existen en ella mandatos renovables cada 3, 4, 5 o 7 años. Ni estamos eligiendo un presidente del gobierno. Muchos monasterios, cuando escogen sus Abades o Abadesas, saben que van a serlo de por vida, a no ser que medie una renuncia siempre posible. Ser pastor es un carisma concedido por el Espíritu Santo y no se le da indistintamente a todos". Me parece que esta postura se apoya en errores de base, bastante difundidos, aunque no siempre se formulen de modo caricaturesco:

    El carisma lo otorga el Espíritu Santo a quien quiere y cuando quiere, pero por un tiempo determinado y a una comunidad determinada y no de por vida. El carisma puede preceder y fundamentar un envío, pero el ministerio y el envío quedan sostenidos por los carismas necesarios dados en ese momento para asegurar con eficacia ese ministerio. No hay que confundir "carisma" gracia pasajera, con ministerio "ordenado", que es "el vinculo sacramental que une la acción litúrgica a lo que dijeron y realizaron los Apóstoles y por ellos a lo que dijo y realizó Cristo, fuente y fundamento de los sacramentos" (Catecismo de la Iglesia Católica, n° 1120).

    En la mayoría de las comunidades religiosas los superiores son elegidos por un tiempo limitado y con un número limitado de reelecciones. ¿Por qué no puede el Espíritu Santo actuar en una elección realizada según los criterios enumerados al final del apartado 2? ¿Acaso los medios humanos han de ser necesariamente rechazados en el campo del Espíritu?

Existen situaciones mucho más graves cuando el pastor y su equipo han tomado posesión del grupo y de su dirección sin participación alguna. Algunas veces se utiliza un simulacro de elección para dar la impresión de que se consulta al grupo. Esta situación se parece a la denunciada por el profeta Ezequiel, donde los malos pastores saquean al rebaño que les ha sido confiado.

Se asiste impotentes ante 'desaguisados' que hieren a las personas y que constituyen verdaderos antitestimonios, que crean en otros prejuicios contra la Renovación en su conjunto. Las relaciones autoritarias son tales, que resulta imposible intervenir en el grupo sin ser invitado. La única salida previsible a mi entender sería acudir a instancias superiores y externas al grupo (delegado diocesano, animador diocesano o regional...), de modo que tales situaciones no sigan prolongándose.

El cambio periódico de pastores y de equipos en los grupos de oración los considero no sólo necesario, sino vital por diversos motivos:

    Aunque el pastor y su equipo sean nombrados para un nuevo mandato, el hecho de ser reelegidos por el grupo les añade un apoyo inestimable para continuar el servicio que se les confía, sobre todo, en aquellas ocasiones en que el desaliento o el cansancio espiritual les tienten.

    La llegada de nuevos servidores es una oportunidad para el grupo, pues aporta sangre nueva, nuevas ideas, actitudes y carismas. No es conveniente que estos cambios conduzcan a prescindir de los dones, las experiencias y las capacidades de los "antiguos". Mostremos imaginación para emplear a los anteriores pastores y miembros del equipo en otros servicios de acompañamiento espiritual o de formación según sus carismas. ¡Cuántos abandonan los grupos al sentirse inútiles e inactivos después de largos años de leales y provechosos servicios!

    Una renuncia al cargo reglamentada y en manos de los hermanos facilita una vida en desprendimiento, un reconocimiento de que el cargo no me pertenece en propiedad y que me fue confiado por el Señor para un período determinado.

Con frecuencia, un grupo de oración se encuentra sin recursos para elegir un pastor y constituir un núcleo o equipo. El acompañamiento continúo del grupo por una persona de discernimiento reconocido, con experiencia de animación en grupos de oración y que no esté directamente implicado en él (pero sí en el acompañamiento de algunos de sus miembros), puede ser una gran ayuda para poner en marcha al nuevo pastor y a su equipo.

(Traducido de TYCHIQUE, N° I I I, Septiembre] 994.)

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